Blackwater: El ascenso del ejército mercenario más poderoso del mundo
Amy Goddman
Democracy Now
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
El periodista investigativo Jeremy Scahill se nos une para hablar de su nuevo libro: "Blackwater: The Rise of the World's Most Powerful Mercenary Army." [Blackwater: El ascenso del ejército mercenario más poderoso del mundo]. Jeremy es corresponsal de Democracy Now! y miembro escritor de la Fundación Puffin en el Instituto The Nation. Scahill escribe, "Blackwater es la guardia pretoriana de elite para la ‘guerra global contra el terror,’ con su propia base militar, una flota de veinte aviones, y 20.000 contratistas privados listos para entrar en acción. Dirigidos por un conservador cristiano multimillonario que financia al presidente Bush y a sus aliados, sus fuerzas son capaces de derrocar gobiernos.”
Los militares USamericanos realizaron a continuación el primero de dos grandes ataques que terminaron virtualmente en la destrucción de Faluya – y en la provocación de una nueva ola de resistencia iraquí que sigue hasta hoy. Mientras tanto, en lugar de limitar su dependencia de contratistas en Iraq, el gobierno de Bush ha expandido la privatización de la guerra. Blackwater fue uno de los principales beneficiados. Desde Iraq a Nueva Orleans, Blackwater ha seguido obteniendo contratos multimillonarios del gobierno, en su mayoría sin obligación de dar cuenta, y en cuasisecreto. Más información en Blackwaterbook.com
TRASCRIPCIÓN NO EDITADA
AMY GOODMAN: Hace cuatro años este día, comenzaba la invasión de Iraq por USA. Cientos de miles de muertos y heridos más tarde, otra fecha marcada más adelante durante este mes, ha ganado casi la misma importancia: el 31 de marzo de 2004. Cuatro empleados de la firma privada de seguridad de USA, Blackwater USA, fueron emboscados mientras conducían por el centro de Faluya. En imágenes transmitidas en todo el mundo, sus cadáveres quemados fueron arrastrados por las calles. Dos de ellos fueron colgados de un puente. Sigue un pasaje del documental de PBS, que se refiere a ese día.
NARRADOR: Por contrato, Blackwater tenía que suministrar dos vehículos todo terreno con tres guardias por vehículo. En su lugar, los hombres salieron a las 8.30 de la mañana con sólo dos hombres por coche, en cada uno faltaba el artillero trasero. Escoltaban a tres camiones vacíos en camino a recoger algún equipo de cocina en una base al oeste de Faluya. Eran vulnerables y obvios. El comandante responsable de Faluya fue el coronel de Marines John Toolan.
CORONEL JOHN TOOLAN: Los contratistas eran fácilmente identificables en las carreteras porque iban todos en vehículos todo terreno totalmente nuevos, 2004 SUV, con vidrios teñidos, así que eran fáciles de ver. Y los insurgentes sabían que se trataba de un objetivo relativamente fácil.
NARRADOR: Cerca de las 9.30 a.m. se acercaron al centro de la ciudad. Insurgentes los emboscaron por atrás. Todos los cuatro guardias fueron muertos a tiros. Los insurgentes hicieron su propio vídeo de las secuelas.
HOMBRE NO IDENTIFICADO: Lo primero que se vio fue la cámara rebotando hacia ese SUV, y fue directamente hacia el coche. Era... – yo sé que era él por su apariencia, todo, claro como el día. Sabes, por lo menos sé que no lo quemaron vivo. Estaba muerto.
NARRADOR: Al llegar la prensa, una multitud había prendido fuego a los coches.
CORONEL JOHN TOOLAN: Por desgracia, apareció en CNN, y sabíamos que era un componente clave en la estrategia de los insurgentes, sacar las fotos, hacer aparecer como si estuvieran ganando. Estaba claro.
AMY GOODMAN: Nuestro invitado, Jeremy Scahill,
JEREMY SCAHILL: Gracias, Amy.
AMY GOODMAN: Bienvenido.
JEREMY SCAHILL: Gracias.
AMY GOODMAN: Acabamos de ver el pasaje de lo que ocurrió en Faluya, a fines de marzo de 2004. Describe lo que sucedió y por qué lo tomaste y lo expandiste en un libro.
JEREMY SCAHILL: Bueno, primero fui a Iraq como reportero de Democracy Now! a fines de 1998, cuando el gobierno de Clinton se preparaba para bombardear Iraq y, en los hechos, Clinton martilló a Iraq durante cuatro días en diciembre de 1998. Y fue el primero de lo que después serían numerosos viajes que hice a Iraq entre 1998 y 2003, cuando comenzó la ocupación de USA. Y pasé bastante tiempo entrando y saliendo de Faluya, una de las ciudades que visité en Iraq.
En realidad, en el verano de 2003, acampé en el desierto muy cerca de Faluya y caminé por el centro de la ciudad. Y mi recuerdo de las conversaciones con la gente de Faluya siempre tuvo que ver con una masacre. Pero esto fue antes de que la guerra de Iraq hubiera comenzado oficialmente en 2003. Durante la Guerra del Golfo de 1991, aviones de guerra aliados bombardearon una plaza de mercado abarrotada y dieron en un complejo residencial matando a unas setenta y ocho personas en Faluya. Y así, siempre pensé en eso como la masacre de Faluya.
Y tienes que comprender que cuando las tropas de USA entraron por primera vez en Bagdad, los faluyanos se organizaron lo mejor posible y evaluaron los trascendentales acontecimientos que habían ocurrido en el país al comenzar la ocupación. Y así, cuando las tropas de USA llegaron a los suburbios de Faluya en abril de 2003, los faluyanos les dijeron esencialmente: “Estamos bien. No los necesitamos aquí.” Y hubo algunos va-y-viene con los funcionarios locales, y los faluyanos estaban tratando realmente de organizar sus vidas y que sus niños fueran a la escuela. Y esto estaba ocurriendo en todo Iraq. A pesar de que había una ocupación, la gente estaba tratando de vivir vidas más o menos normales.
Y finalmente USA llegó y se apoderó de Faluya por la fuerza. Ellos, en los hechos, se apoderaron de una escuela primaria llamada Leader’s School en abril de 2003, y los iraquíes comenzaron a protestar, y eso llevó a lo que los faluyanos recuerdan como una masacre. Cerca de una docena de personas fueron muertas, setenta fueron heridas en una noche durante la protesta de los faluyanos. Y eso provocó realmente una serie de conflictos entre la gente de Faluya y los militares de USA, en los que numerosos soldados de USA fueron muertos, así como muchos faluyanos.
Y entonces sucedió otro acontecimiento antes de la emboscada en Faluya de los contratistas de Blackwater. El 22 de marzo, los militares israelíes mataron al jeque Ahmed Yassin, un clérigo postrado en una silla de ruedas, mientras salía de las plegarias matinales: lo mataron y con él a cerca de media docena de personas de su séquito. En Faluya hubo una masiva protesta contra esos hechos. La gente ya creía que los israelíes y USA trabajaban de común acuerdo durante la ocupación de Iraq. De manera que ése fue el contexto que condujo a la emboscada de Faluya, y casi nunca se habla de eso.
Por lo tanto, la gente de Faluya – y pienso que con razón – estaba muy indignada por el tratamiento sufrido a manos de USA y sus aliados y vio esa especie de relación entre USA e Israel como significando la conquista de Oriente Próximo y ciertamente de Iraq. En realidad, mucha gente en Iraq creía que los contratistas militares privados, como Blackwater, eran o de la CIA o del Mossad. Así que es muy probable que cuando esos individuos entraron a Faluya esa mañana, la gente pensó que estaba atacando a un convoy de la CIA o a un convoy del Mossad.
AMY GOODMAN: Y así, cuatro – iba a decir soldados, pero no lo eran – cuatro personas, contratistas militares, fueron muertos, arrastrados brutalmente por las calles de Faluya y luego colgados. Cuéntanos quiénes eran.
JEREMY SCAHILL: Bueno, esos individuos eran todos veteranos de las Fuerzas Especiales. Scott Helvenston fue uno de los más jóvenes que hayan servido alguna vez en los Seals de la Armada de USA [probablemente la más dura de las fuerzas especiales de USA]. Se convirtió en entrenador de los Seals de la Armada y sirvió en los Seals de la Armada durante doce años. Era un atleta de clase mundial. Ganó, creo, una medalla de oro y varias otras medallas en competencias internacionales. Jerry Zovko también había servido en las Fuerzas Especiales de USA. Mike Teague era un veterano de varias guerras de USA, incluyendo Afganistán, y era un soldado muy condecorado. Y Wes Batalona era un Ranger del ejército de USA que había servido en Somalia. Así que esos individuos eran todos veteranos de las Fuerzas Especiales. Todos se consideraban USamericanos patriotas.
Y, sabes, he llegado a conocer muy bien a sus familias durante estos años. Todos ellos creían que sus seres queridos estaban haciendo lo que habían hecho siempre, sirviendo a su país. Y el hecho de que estuvieran trabajando para Blackwater no era diferente del servicio en los Seals de la Armada. Todos ellos pensaban que sus seres queridos iban allá para proteger a Paul Bremer, porque eso es lo que Blackwater estaba haciendo en Iraq en la época. No creo que ninguno en sus familias haya sabido que sus seres queridos terminarían muriendo por unos camiones de plataforma vacíos que iban a recoger equipos de cocina.
AMY GOODMAN: Y por eso han presentado demandas.
JEREMY SCAHILL: Y por lo tanto, después de que esos individuos fueron muertos, no creo que ninguna de las familias haya supuesto de inmediato alguna malicia de parte de Blackwater y, creo que hicieron lo que cualquiera habría hecho. Comenzaron a llamar a la compañía y a preguntar: “¿Qué pasó? ¿Qué estaban haciendo en Faluya? ¿Por qué escoltaban a esos camiones? ¿Por qué no estaban blindados los vehículos?” Y en lugar de recibir respuestas, las familias dicen que Blackwater les estaba tomando el pelo.
Y así, Blackwater lleva a esas familias en avión en octubre de 2004, varios meses después de la emboscada, y mientras estaban en el complejo de Blackwater en Moyock, Carolina del Norte, las familias dicen que los estaban controlando, que funcionarios de Blackwater no querían que hablaran los unos con los otros. Y el evento fue preparado casi como un memorial para sus seres queridos, y había alguna otra gente cuyos seres queridos habían muerto en Iraq, pero también hubo un momento para que las familias formularan preguntas sobre lo que había sucedido.
Y así, Donna Zovko, la madre de Jerry Zovko, y su hijo y su esposo estuvieron en una reunión con ejecutivos de Blackwater, y ella dice que pidió que le mostraran el informe sobre el incidente de la emboscada y que le devolvieran las pertenencias de su hijo. Y dice que un representante de Blackwater se levantó de la mesa y dijo que “se trata de un documento confidencial, y tendrá que demandarnos para obtenerlo.” Y así, las familias llegaron a conocerse en los meses siguientes, y Katy Helvenston, la madre de Scott Helvenston y Donna Zovko realmente las encabezaron en cierto modo. Y en enero de 2005, esas cuatro familias prepararon una innovadora demanda por homicidio culposo contra Blackwater, diciendo que la compañía había defraudado a sus seres queridos al no suministrarles las salvaguardias a las que estaba contractualmente obligada para su misión de ese día. Y, sí, los hombres firmaron contratos que decían que no responsabilizarían a Blackwater si morían o eran heridos. Pero las familias dicen que los contratos perdieron toda fuerza legal en el instante en el que Blackwater los envió a esa misión sin una debida preparación.
AMY GOODMAN: Es uno de los juicios contra esa compañía, Blackwater. Háblanos de esa compañía, quién la fundó, qué tamaño tiene.
JEREMY SCAHILL: Blackwater fue fundada – fue realmente registrada a fines de 1996, y en realidad comenzó a aumentar sus operaciones en 1997. Originalmente, se trataba de una parcela de 20 kilómetros cuadrados cerca de Great Dismal Swamp en Carolina del Norte, y de la fortuna privada personal de su fundador, Erik Prince. Se cree que es, si no el más rico, uno de los más ricos que hayan servido jamás en los elitistas Seals de la Armada de USA.
Tal vez deberíamos hablar un momento sobre de quién se trata y sus antecedentes, porque todo tiene que ver con el éxito de la compañía. Erik Prince proviene de una dinastía cristiana derechista muy acaudalada en la ciudad de Holland, Michigan. Su padre fue un hombre llamado Edgar Prince, que era una especie de capitalista que salió adelante sin ayuda alguna. Construyó un imperio llamado Prince Manufacturing Corp. que fabricaba piezas para autos, aprovisionaba a la industria automovilística. Y, en realidad, el motivo por el que tal vez se conoce mejor a la compañía es por la creación de la ahora generalizada visera contra el sol. Y cuando bajas la visera en tu coche y se enciende la luz, es una invención de la familia de Prince. Y fue un negocio muy rentable.
Y así, el joven Erik Price creció en esa atmósfera muy embriagadora que mezclaba una especie de evangelio de mercado libre con el evangelio cristiano literal. Sus familiares eran calvinistas estrictos. Y Erik Prince fue político desde muy joven y vio como su padre utilizó su compañía como una máquina para generar dinero a fin de alimentar el ascenso de lo que ahora conocemos como la derecha religiosa en este país, así como la Revolución Republicana de 1994, Su padre dio el dinero germinal a Gary Bauer para fundar el Consejo de Investigación de la Familia. El joven Erik Prince estuvo en la primera cosecha de pasantes que sirvieron en el Consejo de Investigación de la Familia. James Dobson y a su grupo Foco en la Familia – lo que ahora es algo como la red organizadora evangélica más importante en este país, los “guerreros de la oración,” – daban un financiamiento importante.
Y lo que es interesante es que Betsy, la hermana de Erik Prince, se casó con otra familia importantísima de Michigan, tal vez el financista más importante de la Revolución Republicana: Amway Corporation de Dick DeVos. La hermana de Erik Prince se casó con Dick DeVos, heredero de la fortuna de Amway. Y Amway fue la compañía que vendió productos de uso doméstico y de cierto modo fue acusada de no sólo vender sus productos, sino de vender su orden del día política: el ascenso de la derecha cristiana y de la Revolución Republicana. Y así, el matrimonio de esas dos familias fue algo como típico de la fusión de las familias monárquicas de la antigua Europa.
Y así, Erik Prince creció en esta atmósfera, en la que su familia fue un verdadero factor de poder en lo que sería la Revolución Republicana de 1994. Erik Prince trabajó de pasante en la Casa Blanca de George H.W. Bush, pero se quejó de que no era suficientemente conservadora para su gusto en los temas relacionados con los gay, respecto al presupuesto equilibrado, sobre el entorno. También fue un pasante con el congresista conservador de California, Dana Rohrabacher, un hombre que, después de abandonar el equipo de Reagan como asesor y escritor de discursos, se sumó a los muyahidín en Afganistán antes de comenzar su período en el Congreso. Y así, Erik Prince –
AMY GOODMAN: A combatir a los soviéticos,
JEREMY SCAHILL: A combatir a los soviéticos, y él – sabes, alardeó de haber ido allá para estar junto a los combatientes por la libertad, los mismos combatientes por la libertad que ahora son los que han declarado la guerra al gobierno de Bush y, ya sabes, el gobierno de Bush pretende ser el centro de la así llamada guerra contra el terror. Y esos fueron los inicios del joven Erik Prince.
Y luego fue a unirse a los Seals de la Armada de USA. Y no creo que haya querido abandonar a los Seals de la Armada, pero su padre falleció en 1995, y su mujer tenía cáncer, y ya no era una opción ser un Seal de la Armada. Prince había estado en Bosnia. Había estado en Haití. Había servido en el Mediterráneo. Y así, de alguna manera volvió a casa a mediados de los años noventa para ayudar a la familia a ordenar sus asuntos y también a cuidar a su esposa enferma.
Y la familia terminó, después de mucha deliberación, por vender Prince Manufacturing por poco menos que 1.500 millones de dólares en efectivo, y Erik Prince emprendió su experiencia política, su compromiso religioso y la experiencia que obtuvo de observar como su padre se convertía en un importante manipulador en política y negocios, y abrió Blackwater. Y formó un equipo con otros antiguos sujetos de las Fuerzas Especiales, y Blackwater fue fundada sobre la base del principio de anticipar la acelerada subcontratación por el gobierno del entrenamiento y la capacitación relacionada con armas de fuego. Supuestamente iba a ser algo como un paraíso/centro de entrenamiento de deportistas en los páramos de Carolina del Norte.
AMY GOODMAN: Comienzas tu libro hablando sobre un discurso de Donald Rumsfeld el día antes de los ataques del 11 de septiembre.
JEREMY SCAHILL: Correcto. El 10 de septiembre de 2001, Donald Rumsfeld hizo uno de sus primeros discursos de importancia como Secretario de Defensa, y reunió en su presencia a una manada de ejecutivos corporativos que habían sido elegidos por el gobierno de Bush para que compusieran el máximo liderazgo civil en el Pentágono. En el Pentágono había una especie de mezcla de gente. Por una parte, había gente de USA corporativo, de todos los fabricantes de armas y productos para la defensa, y luego también estaban los ideólogos neoconservadores, gente como Paul Wolfowitz. Y así, Rumsfeld hizo un discurso en el que literalmente declaró la guerra a la burocracia del Pentágono. Y dijo: “No he venido a destruir el Pentágono, sino a liberarlo. Tenemos que salvarlo de sí mismo.”
Y luego literalmente el día siguiente, el Pentágono fue atacado. Pero la visión que Rumsfeld describió ese día sería conocida como la Doctrina Rumsfeld, cuando se utiliza la alta tecnología, fuerzas de base pequeña y un uso creciente y acelerado de contratistas privados para librar las guerras. Y también, en el centro de la Doctrina Rumsfeld, estaba el cambio de régimen en naciones estratégicas centrales. Tanto Rumsfeld como Cheney habían sido firmantes del Proyecto por un Nuevo Siglo USamericano, que preveía un nuevo Pearl Harbor como acelerador de la orden del día, la orden del día neoconservadora. Y, por cierto, el día después de que Rumsfeld presentara ese plan, fue atacado el Pentágono, y de repente el mundo se convirtió en un lienzo vacío en el que Rumsfeld y Cheney y Bush podían pintar su visión.
AMY GOODMAN: Jeremy Scahill, dedicas todo un capítulo a otro funcionario dentro de Blackwater, Cofer Black.
JEREMY SCAHILL: Correcto. Quiero decir, Blackwater está realmente amañado perfectamente. La baraja está realmente amañada a favor de Blackwater. En los tiempos en los que vivimos ahora mismo, tenemos a varios antiguos altos funcionarios del gobierno de Bush, como del gobierno de Reagan, sino del actual gobierno de Bush.
Entre los más destacados, está J. Cofer Black, tal vez el mayor manipulador del poder en el arsenal de Blackwater, quien es un veterano de treinta años en la Agencia Central de Inteligencia, que comenzó su carrera en los años setenta en África, cuando USA – bueno, hay quien diría que apoyaba el régimen del apartheid, otros dirían que no hacía nada por detenerlo. Así que Cofer Black fue uno de los personajes centrales de la CIA en África durante todos los años setenta y ochenta. Y llegó a Sudán a comienzos de los años noventa, y llegó con cobertura diplomática. Estuvo allí como una especie de diplomático, pero en realidad era de la CIA.
Y mientras Black estaba allí, un joven multimillonario saudí llamado Osama bin Laden estaba construyendo su red internacional. Y para cuando Black abandonó Sudán, unos pocos años después, la CIA se refería a esta última como la Fundación Ford del terrorismo islámico. Y así, Cofer Black y Osama bin Laden operaron ambos simultáneamente en Jartum en Sudán en los años noventa. Y en un momento, hubo un complot para matar a Cofer Black, una vez que el grupo de bin Laden supo que en realidad era de la CIA. Y así, estaban como controlándose mutuamente. Y uno de los agentes de Black en Sudán preparó efectivamente un complot para matar a bin Laden y lanzar su cuerpo por sobre la reja de la embajada iraní para que pareciera como si los iraníes habían matado a bin Laden. Pero en esos días, a bin Laden no lo consideraban muy importante. El que era importante en Sudán, era Carlos el Chacal, el famoso terrorista internacional. Y así, Cofer Black se destacó en los años noventa, no por algo relacionado con Osama bin Laden, sino por el hecho de que fue visto como el hombre que capturó a Carlos el Chacal.
Y Black partió de allí a servir en Latinoamérica, y justo antes del 11-S fue elegido para dirigir el centro de contraterrorismo de la CIA. Y así, cuando ocurrieron los ataques del 11-S, Cofer Black fue llamado a la Sala de Situación en la Casa Blanca el 13 de septiembre de 2001, para presentar al presidente Bush el plan de la CIA para perseguir a bin Laden. Y se dijo que lanzaba papeles al suelo mientras describía como iban a introducir Fuerzas Especiales en Afganistán. Y dijo al presidente Bush que le llevaría la cabeza de Osama bin Laden en una caja con hielo seco. Y, en realidad, esas fueron las órdenes que dio a sus agentes de la CIA que entraron con el equipo Jawbreaker [Rompe mandíbulas] en Afganistán después del 11-S. Y uno dijo a Cofer Black, sabes: “No sé lo que vamos a hacer en cuanto al hielo seco en el terreno, pero ciertamente podemos conseguir una caja de cartón.”
Cofer Black se hizo famoso en el gobierno como el individuo de las moscas en los globos oculares, porque hablaba en esa especie de términos mesiánicos sobre la misión que estaban a punto de emprender y dijo: “Cuando hayamos terminado con ellos, tendrán moscas caminando sobre sus globos oculares.” Dijo a diplomáticos rusos: “Vamos a clavar sus cabezas sobre picas en el campo.” Y éste es el sujeto que llegó después del 11-S a acelerar realmente el uso de entregas extraordinarias, la captura de personas, colocándoles capuchones, colocándoles pañales, enviándolas a esos largos vuelos a países terceros donde les hacían numerosas preguntas suministradas por interrogadores USamericanos y donde fueron torturados, humillados y quebrantados – gente como Maher Arar, de quienes has hablado extensivamente en este programa.
AMY GOODMAN: Cofer Black forma ahora parte del nuevo esfuerzo de Blackwater, una nueva compañía llamada Total Intelligence Solutions [Soluciones Totales de Inteligencia].
JEREMY SCAHILL: Correcto. Es realmente la próxima especie de generación de la privatización: la privatización de las operaciones de inteligencia. Y están mercadeando sus servicios a las 500 compañías de Forbes. Y por lo tanto, no se trata sólo de Cofer Black. Es otro tipo de la CIA que fue a trabajar en Blackwater, Robert Richer, que fue Director Adjunto de Operaciones en la CIA. Y esos dos son realmente la clase de dirigentes tras la nueva iniciativa.
Pero, en realidad, el que está tras todo el asunto es Erik Prince, el jefe de Blackwater. Está adquiriendo rápidamente, por ejemplo, un centro de formulación de políticas, el Terrorism Research Center [Centro de Investigación del Terrorismo], y otras entidades de inteligencia y juntándolas. El gran ímpetu de Blackwater en la actualidad no es sólo por obtener contratos del gobierno, sino también contratos de las corporaciones. Y así, forma parte de esta orden del día radical de privatización. Y que haya un hombre dirigiendo todo eso que dijo abiertamente al Congreso: “Hubo un antes del 11-S, y después del 11-S nos sacamos los guantes” – es un tipo que dirigió esencialmente el programa de entregas extraordinarias, que trabaja ahora de vicepresidente de Blackwater e inicia su propia compañía privada de inteligencia.
Blackwater tiene una flota de más de veinte aviones, muchos de ellos del tipo de aviones utilizados en las entregas extraordinarias. Ahora, no poseemos ninguna evidencia directa que sugiera que los aviones de Blackwater fueron utilizados en entregas extraordinarias, pero los tipos de aviones que tienen y el tipo de vuelos que hacen son muy similares a los que han sido documentados como utilizados en las entregas extraordinarias. De manera que esto posa numerosas preguntas serias sobre la dimensión de la participación de Blackwater.
AMY GOODMAN: Jeremy, tu libro es número dos en la lista de libros de no-ficción más vendidos de Amazon. Parece ser un problema, bueno, tal vez para Blackwater, quienes – bueno, tienes un sitio en la Red llamado blackwaterbook.com?
JEREMY SCAHILL: Sí.
AMY GOODMAN: ¿Qué pasó con tu sitio en la Red?
JEREMY SCAHILL: Bueno, en realidad recibió una carta de Blackwater – de uno de los numerosos abogados de Blackwater. Tienen un ejército de abogados. El abogado en cuestión es Ken Starr, el hombre que dirigió la acusación contra el presidente Clinton. Y su anterior abogado fue Fred Fielding, quien es ahora abogado de la Casa Blanca de Bush, que lo defiende contra el escándalo de la purga de fiscales. Así que tienen poderosos estudios jurídicos, numerosos estudios jurídicos que trabajan para ellos. Recibimos una carta de su estudio jurídico diciendo que respetan mis derechos bajo la Primera Enmienda de criticar a Blackwater, pero que cierre mi sitio en la Red. Y dijeron que estoy violando la Ley Lanham, que tiene que ver con la competencia corporativa y las marcas registradas. Y ésas, quiero decir, son tácticas de intimidación. Y no vamos a ceder. El sitio en la Red seguirá existiendo.
AMY GOODMAN: Bueno, hablemos de los juicios contra Blackwater. Uno es el juicio relacionado con los hombres que murieron en Faluya, presentado por sus familias. Otro tiene que ver con Afganistán. ¿Qué pasó?
JEREMY SCAHILL: Correcto. Esto proviene de una caída de avión que ocurrió en Afganistán en noviembre de 2004. Quiero decir, esto realmente habla del alcance de Blackwater. Blackwater – hablé de su división de aviación. Blackwater tiene un contrato en Afganistán para suministrar una especie de servicio de trasbordo para los militares de USA, en el que aviones de Blackwater llevan a personal, en algunos casos soldados de USA en servicio activo, del punto A al punto B dentro de Afganistán. También transportan suministros y equipos, y otras cosas.
Y así, en noviembre de 2004, Blackwater estaba operando un avión que llevaba a una cantidad de soldados de USA de un punto a otro. Iban por una cadena de montañas, y pudimos obtener la trascripción de los datos registrados en la cabina del piloto, y los pilotos parecían estar haciendo travesuras diciendo, sabes: “Eres un combatiente del ala C, Guerra de las Estrellas,” y estaban bromeando entre ellos. Y el avión terminó por estrellarse contra el lado de la montaña. Y lo que es diferente de Faluya es que en este caso fueron muertos soldados en servicio activo de USA, uno de ellos un oficial militar relativamente alto. Y así, las familias, no de los contratistas de Blackwater, sino de los soldados, están demandando a Blackwater. Y éste también podría ser una caso que sienta precedentes.
Ahora bien, Blackwater ha argüido en sus instrucciones legales que no puede ser demandado en tribunales civiles y que tiene derecho a la misma inmunidad de la que gozan los militares contra la litigación civil dentro de USA. Y el motivo por el que Blackwater dice esto, o entre las principales razones, es que Donald Rumsfeld clasificó en febrero de 2006 a los contratistas como parte oficial de la fuerza total de USA, formando parte efectiva de la máquina bélica de USA. Así que Blackwater ha dado un vuelco y adoptado la designación de Rumsfeld de su compañía como parte oficial de la fuerza total de USA y dicho: “Esto significa que formamos parte de las fuerzas armadas de USA y no nos podéis demandar.” Al mismo tiempo, Blackwater, desde 2004 ha estado cabildeando para que sus fuerzas no sean colocadas bajo el Código Uniforme de Justicia Militar, conocido comúnmente como el sistema de cortes marciales. De modo que Blackwater dice esencialmente: “Estamos por sobre la ley. No podemos ser juzgados en tribunales militares. No podemos ser juzgados por tribunales civiles.”
AMY GOODMAN: ¿Y cuáles son las leyes que los miembros del Congreso y los senadores tratan de aprobar actualmente?
JEREMY SCAHILL: Bueno, es interesante, porque una de las razones, pienso, por las que el gobierno de Bush utiliza a compañías como Blackwater es que proveen una cantidad extraordinaria de cobertura política. Sabemos que por lo menos 780 contratistas han sido muertos en Iraq. Creo que la cantidad es en realidad probablemente mucho más elevada, pero se trata de gente cuyas familias han solicitados prestaciones por muerte bajo el programa federal de seguro suministrado a los contratistas.
AMY GOODMAN: Lo que significaría, a propósito, que estamos hablando de más de 4.000 USamericanos que han muerto en Iraq.
JEREMY SCAHILL: Son 4.000, sí, personas que son – bueno, en realidad no todos los 780 son USamericanos, pero trabajan para compañías USamericanas o por cuenta de la ocupación. Pero, de nuevo, son sólo las personas que son elegibles para prestaciones federales por muerte en USA. Más de 7.600 han sido heridas en Iraq. Hay 100.000 contratistas privados en Iraq. Sabemos de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental [GAO] que hay 48.000 empleados de firmas militares privadas, compañías mercenarias, operando en Iraq. 180 firmas están registradas como operando en Iraq, y Blackwater es algo como el líder de la industria. Y operan en un clima de total impunidad. No hay una ley efectiva que rija a esas fuerzas mercenarias en Iraq.
Técnicamente, el derecho del país es algo llamado la Ley Militar de Jurisdicción Extraterritorial – es un trabalenguas – que fue aprobado en el año 2000, y dice que cualquiera, cualquier contratista que trabaje para o acompañe a las fuerzas Armadas debería ser sometido a enjuiciamiento bajo la ley de USA por crímenes cometidos en el campo de batalla. Ahora bien, uno de los principales defectos de eso – quiero decir, existe un defecto mucho mayor, que explicaré en un segundo – uno de los principales defectos de eso es que Blackwater, por ejemplo, no trabaja para las fuerzas Armadas. Tiene un contrato con el Departamento de Estado en Iraq. Así que desde el punto de vista técnico no trabaja para el Departamento de Defensa. Así que podría argumentar que realmente no está sometido a esa ley. Sólo el Departamento de Estado ha pagado a Blackwater desde junio de 2004 750 millones de dólares. Es sólo uno de los contratos de Blackwater.
Y así, lo que sucede ahora mismo es que el representante David Price, y por casualidad proviene de la tierra de Blackwater, Carolina del Norte – es demócrata – está presentando legislación para expandir esa ley, a la que me refería anteriormente, para que incluya a todos los contratistas, así que desde el punto de vista técnico cubriría a Blackwater.
Pero el principal problema no es lo bien que se ve en el papel. El principal problema es que ahora mismo hay 100.000 fuerzas privadas operando en Iraq - ¿quién va a hacer las investigaciones? Porque según esta ley, serían fiscales de USA. ¿Así que un fiscal federal de USA iría de Virginia a Bakuba? ¿Y quién los va a proteger? ¿Y quién va a entrevistar a las víctimas iraquíes? ¿Y cómo funcionaría todo esto? Y cuando le pregunté esto al representante David Price, dijo: “Bueno, es una excelente pregunta. No dije que era algo simple.” Pero el hecho es que la industria mercenaria apoya esa legislación porque no es aplicable. Y así, se ve muy bien en el papel. Los mercenarios pueden ir al Congreso y decir: “Bueno, existe esta ley. Podemos ser procesados.” Pero la realidad es que sólo una persona ha sido acusada, un solo contratista ha sido acusado en todos estos años de ocupación en Iraq, y ni siquiera fue un contratista militar armado.
AMY GOODMAN: ¿Y otras leyes que miembros del Congreso y senadores están tratando de presentar?
JEREMY SCAHILL: A fines del año pasado pasó una cosa muy interesante. El senador conservador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, él mismo ex oficial de los JAG [Judge Advocate General, abogados de las fuerzas Armadas de USA] en la Fuerza Aérea, actualmente abogado reservista de la Fuerza Aérea, agregó subrepticiamente a la autorización de defensa de 2007 que el presidente Bush promulgó como ley, que los contratistas serán colocados bajo el UCMJ, el Código Uniforme de Justicia Militar, el sistema de cortes marciales. Perdieron la chaveta con el asunto. Y es sólo un ejemplo en el que –
AMY GOODMAN: Eso fue aprobado.
JEREMY SCAHILL: Fue aprobado. Bush promulgó la ley. Así que ahora, Barack Obama, por ejemplo, presentó esa legislación aplastante que también trata de expandir ese procesamiento interior de contratistas al campo de batalla, y también pide al Pentágono que aclare cómo va a implementar el cambio hecho por Lindsey Graham, porque la ley del país ahora mismo es en realidad que los contratistas podrían ser colocados en el sistema de cortes marciales. Y creo que vamos a ver serios cuestionamientos constitucionales. Esto va a tardar años y años. Quiero decir, los contratistas están para quedarse. Quiero decir, no vamos a llegar a ninguna parte. Y sólo van a aumentar con la ‘elevación’ y con la salida de los británicos, sabes, de parte de sus soldados.
AMY GOODMAN: Jeremy Scahill, ¿quién es el hombre de Blackwater en Latinoamérica?
JEREMY SCAHILL: El hombre de Blackwater en Latino... – bueno, ya no es su hombre en Latinoamérica, sino el hombre que ha estado trabajando para Blackwater en Latinoamérica es un individuo llamado José Miguel Pizarro, y es un ciudadano de doble nacionalidad de USA y Chile. En realidad lo tengo en mis archivos y lo entrevisté durante varias horas. Y Mr. Pizarro creció en el Chile de Pinochet con sueños de servir en las fuerzas Armadas chilenas. Y es un gran defensor de Augusto Pinochet y un defensor del historial de Pinochet y dice que vivió bajo el gobierno militar durante diecisiete años y que no vio ninguna dictadura y, sabes, suma y sigue. Y explico en detalle en el libro hasta qué punto es un entusiasta de Pinochet.
Así que cumplió sus sueños. Sirvió en las fuerzas armadas chilenas y llegó a conocer – porque era bilingüe y también era ciudadano de USA – llegó a conocer a gente de las fuerzas armadas de USA y realmente los admiró y los respetó. Y así, cuando abandonó las fuerzas armadas chilenas, se unió a las fuerzas armadas de USA y trabajó como traductor para el Comando Sur de USA. Y viajó por toda Latinoamérica y se reunió con todos esos funcionarios militares.
Y entonces, en 1999, ofreció sus servicios a General Dynamics, mercadeando esencialmente productos militares de General Dynamics a los gobiernos latinoamericanos. Y tuvo tanto éxito que en 2001 abandonó General Dynamics y abrió su propia consultoría y fue y se presentó a todos los agregados militares de las naciones latinoamericanas y comenzó a venderles lo que calificó de “inteligencia empresarial.” Dice: “Yo no era un traficante de armas.” Y así, lo que hacía Pizarro era ir a ver a los agregados militares de casi cada nación latinoamericana y les decía: “Puedo ponerlo en contacto con gente que puede ofrecer servicios a sus fuerzas Armadas con nuevos equipamientos y armas, etc.” Así que andaba por ahí y en cierto modo era un intermediario entre los fabricantes de armas de USA y gobiernos latinoamericanos. Y formó una operación muy exitosa.
Cuando comenzó la guerra de Iraq en 2003, Pizarro fue contratado por CNN en Español como comentarista sobre la guerra, y estableció una amistad con Wesley Clark, y dijo que iba a la cafetería – tanto él como Clark estaban basados en Atlanta – y si no sabía qué decir sobre un tema en particular, le preguntaba a Wesley Clark: “¿Qué debería decir sobre esto?” Y el general Clark le respondía: “Bueno, José, te lo diré,” y entonces decía exactamente en español lo que Clark le había dicho en inglés. Y así, trabajaba Pizarro, y seguía realizando su asesoría militar.
Conoció a una representante de Blackwater, a quien describió como una mujer atractiva, en una exposición profesional en 2003. Y se acercó a ellos. En realidad, nunca había oído hablar de Blackwater. Y su idea inicial fue que quería ayudar a Blackwater a vender sus sistemas de objetivos en Latinoamérica, como los había hecho para todas esas otras compañías. Y así, terminó por ir al complejo de Blackwater, y dio que fue como si entrara a un plató cinematográfico, a una base militar privada. Lo enloqueció esa propiedad de 28 kilómetros cuadrados en Moyock, Carolina del Norte. Y, sabes, habló al respecto, como un niño que ve su primera película en la gran pantalla.
Y así tuvo de inmediato esa visión de que “no voy a vender sus sistemas de objetivos. Quiero conseguirles algunos soldados chilenos.” Y así, comenzó a cabildear a funcionarios de Blackwater diciendo, sabes, los chilenos están verdaderamente bien entrenados y, sabes, existe el sistema de USA, y tenemos tremendas fuerzas especiales. Y, desde luego, hablaba de las fuerzas armadas establecidas con el apoyo de USA en el Chile de Pinochet, sabes, ese régimen asesino, ese régimen brutal en Chile. Y así, el presidente de Blackwater, Gary Jackson, dice Pizarro, no estaba convencido en absoluto. Y costó semanas y meses de trabajo para llegar a una proposición real.
Pizarro obtuvo una reunión con Erik Prince, fue y le dijo: “Sabe, Mr. Prince, quisiera cinco minutos de su tiempo.” Prince, dice, le respondió: “Te doy tres minutos.” Resultó, según Pizarro, que Erik Prince había servido con los Seals de la Armada en Chile y tenía un gran respeto por las fuerzas chilenas. Así le dijo esencialmente a Pizarro: “Si puedes conseguirme aunque sea un solo Seal de la Armada de Chile, me vale la pena. Así que hazlo, anda para allá, y junta a tus muchachos. Y llámame cuando estés listo.”
Pizarro fue a Chile, comenzó a hablar con la gente, gente ex militar, etc. Puso un aviso en el periódico, lo inundaron las solicitudes de antiguos miembros de las fuerzas especiales chilenas. Y establecieron un campo, en el que comenzaron a evaluar. Dice: “No estábamos entrenando. Estábamos evaluando soldados.” Y utilizaban rifles simulados, etc., en el campo chileno.
Y para acortar la historia, Blackwater envió a evaluadores. Tres evaluadores fueron a Chile en noviembre de 2003, y consideraron las fuerzas de Pizarro. Y finalmente, en febrero de 2004, Pizarro fue a Moyock, Carolina del Norte, con su primer grupo de chilenos. Y dice que suministró unos 750 chilenos a Blackwater y a otras firmas militares privadas que operan en Iraq. Fueron las primeras fuerzas internacionales cuyo uso es admitido por Blackwater. Entonces citó a Gary Jackson, el que se opuso originalmente, después de la llegada de sus chilenos a Iraq, diciendo: “Fuimos al confín del mundo a la busca de profesionales, y los chilenos encajan bien en el sistema de Blackwater.”
AMY GOODMAN: ¿Hay otros internacionales empleados actualmente por Blackwater?
JEREMY SCAHILL: Bueno, hubo un gran escándalo hace varios meses. Blackwater había contratado a fuerzas colombianas, pero sólo les pagaba 34 dólares por día. Y por lo tanto, los colombianos que Blackwater había contratado y llevado a Iraq hicieron una especie de huelga en el complejo de Blackwater y exigieron que se les pagara como a los demás.
AMY GOODMAN: También escribes que Blackwater tiene realmente a su cargo a soldados de USA. Nos queda sólo un minuto, pero habla de Najaf.
JEREMY SCAHILL: Uno de los incidentes más inquietantes que ocurrieron en Iraq con mercenarios fue el 4 de abril de 2004. Fuerzas de Muqtada al-Sadr del Ejército Mahdi participaron en un levantamiento, porque Paul Bremer había ordenado el arresto de uno de sus máximos lugartenientes, y hubo una masiva protesta en la ciudad de Najaf. Blackwater estaba protegiendo la oficina de ocupación en el lugar. También había algunos soldados salvadoreños, parte de la Coalición de los Dispuestos, así como algunos Marines de USA en servicio activo.
Y uno de esos Marines, el cabo Lonnie Young – tengo el informe oficial de los Marines de ese día. Mientras sucedía la protesta, Lonnie Young, ese Marine en servicio activo, tenía su arma apuntada hacia la multitud, a un tipo que dice llevaba un AK-47. Y piensa, sabes: “Tengo que pedir órdenes para abrir fuego,” pero no había oficial a cargo en el lugar. Así que pidió a Blackwater permiso para abrir fuego. Y dijo: “Señor, tengo un objetivo con su permiso.” Y dice que Blackwater dio la orden.
Así que Blackwater ejerció el comando activo sobre un Marine de USA en servicio activo en una batalla que las fuerzas de Muqtada al-Sadr recuerdan como una masacre del 4 de abril de 2004. Los de Blackwater se refieren al caso como su Álamo. No está claro cuántas personas fueron muertas ese día, pero los de Blackwater y ese Marine dispararon tantas balas, que tenían que detenerse cada quince minutos para permitir que sus armas se enfriaran. Lonnie Young, ese Marine, dice que cientos de personas fueron muertas ese día. El gobierno de USA dijo que fueron entre veinte y treinta.
AMY GOODMAN: Volvamos a casa, a Nueva Orleans.
JEREMY SCAHILL: Blackwater apareció en Nueva Orleans sin un contrato, inmediatamente después del huracán Katrina, llegó antes que la mayoría de las agencias federales a la zona del huracán; dentro de días fue contratado por el Departamento de Seguridad Interior. Blackwater pagó a sus hombres, me dijeron, 350 dólares al día. Facturó al gobierno federal 950 dólares por hombre de Blackwater por día. En un momento, tuvo 600 hombres entre Texas y Mississippi, por todo el Golfo. A veces Blackwater se estaba embolsando 240.000 dólares por día.
En un acto de cinismo extraordinario, Blackwater realizó en noviembre de 2005, un acto de recolección de fondos para el huracán Katrina. Paul Bremer fue el orador central, y reunieron 138.000 dólares y los entregaron a la Cruz Roja. No vi en ninguna parte a la Cruz Roja cuando estuve en Nueva Orleans después del huracán Katrina. Pero lo importante es que dieron 138.000 dólares cuando se estaban embolsando 240.000 dólares por día.
AMY GOODMAN: Jeremy, tenemos que detenernos aquí, pero quiero preguntarte si volverías mañana y así te sumas a Naomi Klein, que estará con nosotros. Mañana por la noche, tú y Naomi Klein tendréis una discusión – yo la moderaré – en la Sociedad de la Cultura Ética aquí en Nueva York, sobre “Blackwater: The Rise of the World's Most Powerful Mercenary Army,” el nombre de tu primer libro. Y felicitaciones por esa obra maestra de investigación. Hablaremos mañana sobre Nueva Orleans, sobre la expansión de Blackwater en el frente interno, e iremos al exterior, al Mar Caspio. ¿Cuáles son sus planes para la Cuenca del Caspio?
http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/03/20/1337226
Iniciamos la segunda parte de nuestra discusión con el periodista investigativo Jeremy Scahill, autor del nuevo libro “"Blackwater: The Rise of the World's Most Powerful Mercenary Army" [El ascenso del ejército mercenario más poderoso del mundo]. Scahill habla del papel de Blackwater en la región del Mar Caspio en Asia Central y de la batalla en el Congreso sobre la responsabilidad de los contratistas privados.
Jeremy es corresponsal de Democracy Now! y miembro escritor de la Fundación Puffin en el Instituto The Nation. Más información en Blackwaterbook.com
TRASCRIPCIÓN NO EDITADA
AMY GOODMAN: Jeremy, antes de ir al área del Mar Caspio, ayer hablamos de Iraq, de Afganistán, de que Blackwater ha sido demandado por situaciones en ambos casos. Por favor resume brevemente una vez más para los televidentes y radioescuchas que no vieron el show de ayer sobre lo que es Blackwater.
JEREMY SCAHILL: Hace una década esa compañía no existía. Era poco más que una parcela de 20 kilómetros cuadrados cerca de Great Dismal Swamp y la fortuna privada de su fundador, derechista cristiano y financista del presidente, Erik Prince, cuya familia tuvo una larga historia de respaldo a causas de la Revolución Republicana y al ascenso de la derecha religiosa. La compañía había comenzado oficialmente en 1996, comenzó a crecer en 1997 como una especie de instalación de entrenamiento para fuerzas federales, de mantenimiento del orden local y estatal, así como para las fuerzas armadas.
Después del 11-S, se convirtió en un equipo mercenario total y ahora tiene muchos, muchos contratos del gobierno. Sólo uno de ellos, con el Departamento de Estado ha generado 750 millones de dólares para Blackwater desde junio de 2004. La compañía protege a los altos funcionarios de USA en Iraq, entrena fuerzas en Afganistán, ha sido desplegada en Nueva Orleans. Tiene a 2.300 hombres activamente desplegados en todo el mundo, otros 20.000 contratistas listos para entrar en acción. Es realmente la guardia pretoriana de la guerra contra el terror global del gobierno de Bush.
AMY GOODMAN: Y emplea a USamericanos, así como a gente – ayer hablamos de los chilenos bajo el régimen de Pinochet, esos soldados también han sido incluidos en esa guardia.
JEREMY SCAHILL: Correcto. Quiero decir que el gobierno de Bush no logró construir una verdadera “coalición de los dispuestos” en Iraq, y por ello estructuraron lo que algunos llaman la “coalición de la facturación.” Y Blackwater y otras compañías mercenarias, constituyen la única internacionalización que tiene lugar en el caso de la ocupación.
Documento en el libro un caso en el que en efecto otra compañía mercenaria contrató exactamente a los soldados hondureños que habían sido retirados de Iraq por el gobierno de Honduras después que John Negroponte fue nombrado embajador de USA. Una compañía mercenaria fue a Honduras, contrató a esos soldados y los envió de vuelta a Iraq.
Y en el caso de Chile, se trataba de un país – un 92% de la población en Chile estaba contra la guerra. Chile era un miembro rotante del Consejo de Seguridad y estaba contra la ocupación de Iraq. Blackwater y otras firmas fueron al país y contrataron a comandos chilenos y a otros soldados y los enviaron a Iraq en contravención total de las leyes del gobierno chileno y contra la voluntad del pueblo chileno.
Y éste es un guión que se ha reproducido una y otra vez con estas compañías. Reclutan en países que están contra la guerra en Iraq, y envían sus fuerzas a ese país. Y esto no es realmente sólo una subversión de los procesos interiores en esos países, sino también una subversión de la democracia en USA, porque existe una resistencia necesaria a la lucha contra estas guerras de agresión, guerras ofensivas, y cuando tienes una crisis de reclutamiento en las fuerzas militares y no quieres tener un servicio militar obligatorio por razones políticas, simplemente contratas soldados de todo el mundo y estructuras tu fuerza de ocupación.
AMY GOODMAN: Jeremy, ¿y respecto al Mar Caspio? ¿Qué tiene que ver Blackwater en esa zona? Y ubícala geográficamente.
JEREMY SCAHILL: Es una historia increíble que data de muchas décadas. Fue parte del gran juego entre USA y la antigua Unión Soviética. El Mar Caspio tiene una de las mayores reservas no utilizadas de petróleo y gas natural en el mundo. El gobierno de Clinton trató agresivamente de comenzar a explotar los recursos del Mar Caspio, pero no pudo hacerlo efectivamente.
Cuando llegó al poder el gobierno de Bush – bueno, pongamos esto en su contexto. El Mar Caspio está en Asia Central, y aparte de las antiguas repúblicas soviéticas, Irán también limita con el Mar Caspio, así que esto no es sólo una juego que las principales potencias del mundo juegan respecto con el petróleo, sino que tiene todo que ver con un potencial ataque de USA contra Irán. Se trata de una región muy estratégica para USA, en particular ahora mismo para el gobierno de Bush.
Y por lo tanto, cuando el gobierno de Bush tomó el poder hace unos pocos años, la Comisión de Energía de Cheney hizo un estudio en 2001, y estableció que hay 20.000 millones de barriles de petróleo en el Mar Caspio, y sus suministros rivalizan con los de USA, algo menos que USA. Y por lo tanto, el gobierno de Bush puso en la vía rápida el intento de abrir un oleoducto desde Azerbaiyán, la ciudad portuaria de Bakú, hacia occidente, y se pretendía que los recursos del Caspio fueran a los mercados de Europa Occidental. Rusia reaccionó de manera muy hostil a la postura de USA en la región. Y funcionarios de USA, el Secretario de Energía Samuel Bodman, hizo varios viajes a la región, y estuvo allí para la apertura de ese oleoducto.
Bueno, una historia que casi no ha recibido atención alguna es que cuando el gobierno de Bush comenzó a explotar los recursos del Mar Caspio, se dio cuenta de que necesitaba tener fuerzas de seguridad en la región, pero no quería tener una presencia militar abierta de USA, especialmente con la inminente ocupación de Iraq y la ocupación de Afganistán. De manera que lo que comenzó a hacer fue un programa llamado Guardia Caspia, con el que comenzaron a formar fuerzas militares en Georgia, Kazajstán, Azerbaiyán. Y éste fue un programa que recibió muy poca atención en los medios de información.
Y así, comenzando en julio de 2004, el gobierno de Bush envió a Blackwater a la parte más estratégica de esta operación, a la ciudad portuaria de Bakú, que sobresale de la costa de Azerbaiyán hacia el Mar Caspio. Y Blackwater fue sigilosamente con un contrato original de 2,5 millones de dólares, y estableció una unidad de noventa hombres de fuerzas especiales de las fuerzas armadas de Azerbaiyán, modelada según los Seals de la Armada de USA, Así que estaba exportando entrenamiento para las fuerzas más elitistas de USA. Blackwater va, establece lo que fue llamado la unidad azerí de prestigio de noventa hombres, y también convirtió una vieja base de fuerzas especiales de la Unión Soviética en Bakú en un centro de comando y control que fue modelado según el Centro de Comando y Control del Departamento de Seguridad Interior.
Cuando el gobierno iraní supo que Blackwater estaba en el Mar Caspio y que estaba involucrado en estos tipos de operaciones, desplegó su propia unidad especial de la Armada iraní en el Mar Caspio como respuesta directa a la presencia de Blackwater. Y lo que hizo esta misión fue permitir que el gobierno de Bush enviara fuerzas leales del sector privado para fortalecer no sólo la defensa del proyecto de oleoducto, que ahora está abierto y fluye, sino que algunos han sugerido que podría ser utilizada, esa instalación que Blackwater construyó, como una de varias bases de operación de avanzada para un ataque potencial contra Irán.
AMY GOODMAN: Jeremy Scahill, ayer hablaste de que estuviste en Nueva Orleans después de Katrina, viendo la llegada de los guardias de Blackwater, que recibían 350 dólares de Blackwater, pero Blackwater cobraba 950 dólares al gobierno. ¿Qué hay sobre otros sitios en USA en los que Blackwater se despliega, como ser la frontera?
JEREMY SCAHILL: Bueno, Blackwater en realidad vio a Nueva Orleans como una oportunidad para iniciar una división totalmente nueva, y comenzó, después del huracán Katrina, una división de operaciones interiores. Representantes de Blackwater, hace algunos meses, se reunieron con el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, sobre trabajos de reacción ante desastres en el caso de un terremoto. La compañía simultáneamente solicitó licencias de operación en todos los Estados costeros de USA.
Su nueva instalación de entrenamiento, la llaman – yo la llamo una base militar privada – está siendo abierta ahora en Illinois. En realidad, acaban de publicar ayer su nuevo programa de entrenamiento, y existe resistencia de base en Illinois ante la apertura de esa base militar privada en Mount Carroll, Illinois, que queda a unas pocas horas fuera de Chicago. Blackwater también se esfuerza por abrir una nueva instalación en San Diego – cerca de San Diego, California. Una vez más, la gente local se presenta y dice: “No queremos que esos individuos con armas pesadas vengan a nuestra comunidad. No queremos el tableteo del fuego de ametralladoras.” De manera que en realidad Blackwater, creo, ve el abrevadero alimentario interior en USA como una frontera por conquistar.
Simultáneamente, Blackwater también está fabricando dirigibles de vigilancia que está
vendiendo al Departamento de Seguridad Interior, tal vez para utilizarlos en el control de la frontera entre USA y México. Está aumentando su entrenamiento de personal federal de mantenimiento del orden y tratando de obtener más contratos para entrenar a fuerzas interiores dentro de USA.
AMY GOODMAN: Aero Contractors en Carolina del Norte – Blackwater también está basado allí. Acabamos de leer un titular sobre activistas de base que exigen responsabilidad. Aero Contractors, contratados por la CIA para transportar prisioneros a países del tercer mundo involucrados en las entregas extraordinarias. ¿Existe una conexión entre Aero y Blackwater?
JEREMY SCAHILL: No. No, Blackwater tiene un división de aviación – no que yo sepa. Blackwater tiene una división de aviación, y tiene por lo menos veinte aviones. Y una de las cosas que hice en el libro fue considerar los lugares comunes entre los vuelos de entrega extraordinaria, los modelos de aviones que están involucrados en las entregas extraordinarias, y los aviones de Blackwater. Y varios de los aviones de Blackwater, como documento en el libro, corresponden al modelo, a los modelos de vuelos, de esos vuelos que participaron en las entregas extraordinarias.
Ahora bien, tengo que decir, que traté de obtener todos los contratos de Blackwater. Algunos de ellos son confidenciales. En realidad, el presidente de Blackwater, Gary Jackson, ha dicho que algunos de sus contratos son tan secretos que Blackwater no puede decir a una entidad federal del gobierno lo que está haciendo para la otra. Considero que se trata de una historia que realmente necesita ser examinada de un modo mucho más exhaustivo. Pienso que es algo que el Congreso debería investigar. La Unión Europea, cuando comenzó a hacer sus investigaciones, apareció el nombre de Blackwater en su estudio. Y esto es algo a lo que seguiré prestando atención.
Sólo como otro aspecto de lo mismo, considero que es interesante que Blackwater tenga esa próspera división de aviación y que el vicepresidente de la compañía sea Cofer Black, el hombre que realmente hizo partir el uso generalizado de entregas extraordinarias después del 11-S cuando tomaban prisioneros en el campo de batalla – los maniataban – o no en el campo de batalla, en el aeropuerto Kennedy – los maniataban, les colocaban un pañal, les ponían grilletes y los enviaban al infierno de un tercer país para que los torturaran.
AMY GOODMAN: ¿Y ésa fue la posición previa de Cofer Black dentro de la CIA?
JEREMY SCAHILL: Sí, fue el jefe del Centro de Contraterrorismo de la CIA, el hombre que dijo al Congreso que después del 11-S se sacaron los guantes.
AMY GOODMAN: Éste es el actual vicepresidente de Blackwater.
JEREMY SCAHILL: Es ahora el vicepresidente de Blackwater y uno de los individuos tras esta nueva compañía de inteligencia en la que los ejecutivos de Blackwater forman el núcleo, y están mercadeando sus servicios a compañías privadas. Es una de las nuevas fronteras aterradoras de la guerra privada.
AMY GOODMAN: Jeremy Scahill, muchas gracias por volver. Esta noche estaremos juntos en la Sociedad de Cultura Ética en Nueva York a las 7, donde Jeremy lanzará su primer libro “Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army.”
http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/03/21/1340210
lunes, 29 de junio de 2009
Irak pone candados a los ejércitos privados

Irak pone candados a los ejércitos privados
Tras el “caso Blackwater”, el gobierno iraquí revisará la situación de los contratos con las compañías de seguridad .
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2008-11-16•Fronteras
Miembros de una empresa de protección, con rostros ocultos por motivos de seguridad, en Bagda
Miembros de una empresa de protección, con rostros ocultos por motivos de seguridad, en Bagda Foto: Patrick Baz/AFP
El Gobierno iraquí anunció ayer la revisión de todos sus contratos con compañías de seguridad, tanto extranjeras como locales, tras haber retirado la licencia a la estadunidense Blackwater por su presunta vinculación con un tiroteo que provocó víctimas civiles. Según el comunicado del Ejecutivo, la decisión supone “reconsiderar las normas que rigen el trabajo” de esas empresas con el fin de regular su situación conforme a la legislación iraquí, al contrario de lo que ocurre en la actualidad.
Una orden aún vigente aprobada por la Autoridad Provisional estadunidense el 27 de junio de 2004 requiere el consentimiento del país de procedencia para el procesamiento de los agentes. El anuncio del Gobierno se produjo dos días después de que al menos nueve iraquíes fallecieran y varios más resultaran heridos tras ser disparados por guardias de seguridad extranjeros que a su vez fueron atacados mientras transitaban por el oeste de Bagdad.
Los agentes, de nacionalidad desconocida, pasaban con un coche por la Plaza al Nusur cuando alguien —posiblemente un francotirador— disparó contra el vehículo desde lo alto. Al sentirse atacados, dispararon “aleatoriamente” y provocaron la matanza, según fuentes policiales. La agencia Reuters elevó hasta once el número de fallecidos —incluido un policía—, frente a los diez de France-Presse y nueve de Efe. El balance de heridos se sitúa en torno a la quincena.
El primer ministro, Nuri al Maliki, prometió juzgar a los culpables de la “acción criminal”. La secretaria de Estado de EU, Condoleezza Rice, se disculpó por teléfono ante el mandatario, aunque no sin antes rebajarlo a la categoría de “accidente”.
Blackwater, con sede en Carolina del Norte, presta servicios de protección a responsables estadunidenses y delegaciones extranjeras. Sus agentes están entre los miles de estadunidenses y europeos que trabajan en el país árabe desde la caída del régimen de Sadam Husein en 2003. Blackwater emitió ayer un comunicado y negó haber atacado a civiles, y agregó que no ha sido notificada de que su licencia había sido revocada. “Blackwater lamenta toda pérdida de vida, pero este convoy fue atacado violentamente por insurgentes armados, no civiles, y nuestra gente cumplió con su trabajo de defender vidas humanas”, aseguró la portavoz Anne Tyrrell.
Sólo el Departamento de Estado de EU ya emplea allí a unos 2,500 guardias y escoltas privados, entre ellos 987 de la citada empresa, según un informe elaborado en julio por el departamento de documentación del Congreso. Mientras, el movimiento del líder chiita Moqtada Sadr exigió la retirada de la licencia a todas las compañías de seguridad extranjeras. Opositores sunitas denunciaron la falta de control estatal a los “mercenarios”.
En tanto, el máximo jefe militar estadunidense en Irak, general David Petraeus, advirtió ayer sobre un retiro prematuro de tropas de Irak, el cual tendría consecuencias “devastadoras”. Antes de reunirse en Londres con el primer ministro de Gran Bretaña, Gordon Brown, Petraeus señaló que no hay “respuestas simples o soluciones rápidas” para ayudar a los iraquíes a crear una seguridad sostenible. Al menos 26 iraquíes murieron ayer y otros 38 resultaron heridos, la mayoría de ellos debido a la explosión de tres coches bomba en el centro y el este de Bagdad, informaron fuentes policiales a la agencia de noticias Voces de Irak.
Gestión de Bush, mala
(Washington•AFP)
• Dos tercios de los estadunidenses estiman que el presidente George W.Bush está haciendo una mala gestión al frente del gobierno, según una encuesta publicada ayer. Aunque 67 por ciento de las mil personas encuestadas a comienzos de este mes por el sondeo de Harris Interactive calificó negativamente la gestión de Bush, el mandatario ha recuperado algo de apoyo desde julio, cuando 73 por ciento sostuvo que no estaba haciendo bien su trabajo. El índice de aprobación de Bush viene en declive desde octubre de 2001, cuando un récord de 88 por ciento de los estadunidenses calificaron positivamente a su gestión. La popularidad del presidente de EU tocó su nivel más bajo en julio, cuando sólo cerca de un cuarto de los estadunidenses calificaron de bueno su trabajo. En la encuesta 72 por ciento de los estadunidenses también le dio marcas negativas a las dos cámaras del Congreso de EU..
Bagdad•Agencias
ENTREVISTA "Los mercenarios son imprescindibles para EEUU"
ENTREVISTA
"Los mercenarios son imprescindibles para EEUU"
Jeremy Scahill, en su libro sobre Blackwater, analiza el éxito de la empresa de mercenarios, capaz de lograr contratos millonarios en Irak sin tener que responder por sus crímenes
Tras la reelección de George Bush en 2004, el presidente de Blackwater, Gary Jackson, envió un e-mail a todos los empleados en el que decía: "!Ha ganado Bush, cuatro años más! ¡Oh sí!". A la empresa de seguridad privada no le ha podido ir mejor desde que comenzó la guerra contra el terrorismo. El periodista Jeremy Scahill (Chicago 1974) publicó en febrero de 2007 el libro Blackwater, el auge del Ejército mercenario más poderoso del mundo (Editorial Paidós). En su investigación, Scahill analiza el éxito de un negocio en el que EEUU se gasta el 40% de su presupuesto para Irak.
¿Cómo logra Blackwater contratos tan importantes?
Primero hay que lograr la licencia para trabajar para el Gobierno, después necesitas conocer gente para que te asigne misiones. Bill Clinton dio a Blackwater la licencia pero ha sido con la Administración de Bush con la que la empresa se ha convertido en tan poderosa. Es una combinación de apoyar los planes de Bush, de dar mucho dinero a los republicanos y de ser los mejores en su trabajo. Necesitan un lobby importante.
En agosto de 2003 Blackwater obtiene 27 millones de dólares para proteger a Paul Bremer. En marzo de 2004 contrataron a la mejor empresa de lobby: Alexander Strategy Group (ASG). En junio de 2004, ASG logra que Blackwater obtenga contratos de 300 millones de dólares. El Congreso estima que desde el año 2000, Blackwater ha incrementado sus ingresos en un 8.000%. El 40% del presupuesto de la guerra va destinado a estas empresas privadas. Sólo por Irak han ganado 1.200 millones de dólares.
¿Cómo describiría a Erik Prince, el propietario de Blackwater?
Es el jefe del Ejército privado más fuerte del mundo. Como empresario es uno de los hombres que más dinero ha hecho con la guerra. Ha dado mucho dinero a los movimientos más conservadores de EEUU. Es un derechista radical defensor de la supremacía cristiana.
¿Por qué contratan un servicio que debería hacer el Ejército?
En Irak tienen contratado a más personal de empresas privadas (180.000) que soldados estadounidenses (160.000). El objetivo inicial era contar con el apoyo de otros países. Se ha pasado de la coalición de los voluntarios que pidió el presidente Bush a la coalición de los contratados. Y se ahorran un reclutamiento en los propios EEUU, algo que sería muy impopular.
¿Cambiaría la situación con un reclutamiento?
En EEUU no hay un movimiento contra la guerra como en Vietnam. Si la gente joven tuviera que ir contra su voluntad todo cambiaría. Hay más de 4.000 bajas, que es mucho, pero si hubiera un reclutamiento el precio en vidas sería mucho mayor.
¿No se puede prescindir de ellos?
Se han convertido en imprescindibles. Sin ellos, la delegación estadounidense no pueden salir de la fortificada Zona Verde.
¿Están sujetos a alguna ley?
Trabajaban para proteger a Paul Bremer. Cuando Bremer trasladó la soberanía al pueblo iraquí dio inmunidad a los mercenarios para no ser juzgados por las leyes iraquíes. Podrían ser juzgados en EEUU si trabajaran para el Ejército, pero Blackwater trabaja para el Gobierno y por eso no le afecta ninguna ley.
Parece un negocio redondo.
Tienes más empleados que soldados. No tienes que pedir tropas a otros países. No tienes que hacer un reclutamiento. Nadie en el Congreso sabe a dónde va el dinero. Si matan a algún iraquí no pasa nada y si pierden un mercenario el Gobierno de EEUU se hace cargo de la indemnización a la familia.
¿Cómo es la relación entre el Ejército y los mercenarios?
Cada día es peor. Cuando cometen un crimen los iraquíes no diferencian entre militares y Blackwater. Los soldados piensan que los mercenarios están arruinando todo su trabajo. Un mercenario gana en un año lo mismo que el máximo responsable de las tropas estadunidenses en Irak, el general David Petraeus, 180.000 dólares.
¿Hay categorías dentro de los mercenarios?
Si eres un ex militar de un cuerpo de elite cobras 650 dólares al día. Los colombianos contratados por Blackwater cobran 34 dólares al día, al final se vuelven a Colombia ya que no les merece la pena.
¿Qué pasará en 2009 con un nuevo presidente?
A Blackwater le seguirá yendo bien sea quien sea el presidente. Es la primera vez en 40 años que la industria armamentística está dando más dinero a los demócratas que a los republicanos. Hillary Clinton es la candidata que más donaciones recibe de la industria armamentística. Con el apoyo republicano ya cuentan, se trata de untar de mantequilla los dos lados de la tostada.
¿Es partidario de retirarse de Irak?
EEUU debería retirarse lo antes posible y pagar indemnizaciones por los daños que ha causado en Irak desde los años cincuenta, cuando comenzó a vender armamento que sus dirigentes han usado contra el pueblo iraquí.
"Los mercenarios son imprescindibles para EEUU"
Jeremy Scahill, en su libro sobre Blackwater, analiza el éxito de la empresa de mercenarios, capaz de lograr contratos millonarios en Irak sin tener que responder por sus crímenes
Tras la reelección de George Bush en 2004, el presidente de Blackwater, Gary Jackson, envió un e-mail a todos los empleados en el que decía: "!Ha ganado Bush, cuatro años más! ¡Oh sí!". A la empresa de seguridad privada no le ha podido ir mejor desde que comenzó la guerra contra el terrorismo. El periodista Jeremy Scahill (Chicago 1974) publicó en febrero de 2007 el libro Blackwater, el auge del Ejército mercenario más poderoso del mundo (Editorial Paidós). En su investigación, Scahill analiza el éxito de un negocio en el que EEUU se gasta el 40% de su presupuesto para Irak.
¿Cómo logra Blackwater contratos tan importantes?
Primero hay que lograr la licencia para trabajar para el Gobierno, después necesitas conocer gente para que te asigne misiones. Bill Clinton dio a Blackwater la licencia pero ha sido con la Administración de Bush con la que la empresa se ha convertido en tan poderosa. Es una combinación de apoyar los planes de Bush, de dar mucho dinero a los republicanos y de ser los mejores en su trabajo. Necesitan un lobby importante.
En agosto de 2003 Blackwater obtiene 27 millones de dólares para proteger a Paul Bremer. En marzo de 2004 contrataron a la mejor empresa de lobby: Alexander Strategy Group (ASG). En junio de 2004, ASG logra que Blackwater obtenga contratos de 300 millones de dólares. El Congreso estima que desde el año 2000, Blackwater ha incrementado sus ingresos en un 8.000%. El 40% del presupuesto de la guerra va destinado a estas empresas privadas. Sólo por Irak han ganado 1.200 millones de dólares.
¿Cómo describiría a Erik Prince, el propietario de Blackwater?
Es el jefe del Ejército privado más fuerte del mundo. Como empresario es uno de los hombres que más dinero ha hecho con la guerra. Ha dado mucho dinero a los movimientos más conservadores de EEUU. Es un derechista radical defensor de la supremacía cristiana.
¿Por qué contratan un servicio que debería hacer el Ejército?
En Irak tienen contratado a más personal de empresas privadas (180.000) que soldados estadounidenses (160.000). El objetivo inicial era contar con el apoyo de otros países. Se ha pasado de la coalición de los voluntarios que pidió el presidente Bush a la coalición de los contratados. Y se ahorran un reclutamiento en los propios EEUU, algo que sería muy impopular.
¿Cambiaría la situación con un reclutamiento?
En EEUU no hay un movimiento contra la guerra como en Vietnam. Si la gente joven tuviera que ir contra su voluntad todo cambiaría. Hay más de 4.000 bajas, que es mucho, pero si hubiera un reclutamiento el precio en vidas sería mucho mayor.
¿No se puede prescindir de ellos?
Se han convertido en imprescindibles. Sin ellos, la delegación estadounidense no pueden salir de la fortificada Zona Verde.
¿Están sujetos a alguna ley?
Trabajaban para proteger a Paul Bremer. Cuando Bremer trasladó la soberanía al pueblo iraquí dio inmunidad a los mercenarios para no ser juzgados por las leyes iraquíes. Podrían ser juzgados en EEUU si trabajaran para el Ejército, pero Blackwater trabaja para el Gobierno y por eso no le afecta ninguna ley.
Parece un negocio redondo.
Tienes más empleados que soldados. No tienes que pedir tropas a otros países. No tienes que hacer un reclutamiento. Nadie en el Congreso sabe a dónde va el dinero. Si matan a algún iraquí no pasa nada y si pierden un mercenario el Gobierno de EEUU se hace cargo de la indemnización a la familia.
¿Cómo es la relación entre el Ejército y los mercenarios?
Cada día es peor. Cuando cometen un crimen los iraquíes no diferencian entre militares y Blackwater. Los soldados piensan que los mercenarios están arruinando todo su trabajo. Un mercenario gana en un año lo mismo que el máximo responsable de las tropas estadunidenses en Irak, el general David Petraeus, 180.000 dólares.
¿Hay categorías dentro de los mercenarios?
Si eres un ex militar de un cuerpo de elite cobras 650 dólares al día. Los colombianos contratados por Blackwater cobran 34 dólares al día, al final se vuelven a Colombia ya que no les merece la pena.
¿Qué pasará en 2009 con un nuevo presidente?
A Blackwater le seguirá yendo bien sea quien sea el presidente. Es la primera vez en 40 años que la industria armamentística está dando más dinero a los demócratas que a los republicanos. Hillary Clinton es la candidata que más donaciones recibe de la industria armamentística. Con el apoyo republicano ya cuentan, se trata de untar de mantequilla los dos lados de la tostada.
¿Es partidario de retirarse de Irak?
EEUU debería retirarse lo antes posible y pagar indemnizaciones por los daños que ha causado en Irak desde los años cincuenta, cuando comenzó a vender armamento que sus dirigentes han usado contra el pueblo iraquí.
Tras los sucesos de Faluya Soldados, mercenarios y empresarios: La privatización de la guerra avanza en el Iraq ocupado
Tras los sucesos de Faluya
Soldados, mercenarios y empresarios: La privatización de la guerra avanza en el Iraq ocupado
Sinfo Fernández*
CSCAweb (www.nodo50.org/csca), 7 de abril de 2004
Sinfo Fernández Navarro, Madrid, 29 de marzo de 2004
"Iraq, paradigma culminante del fenómeno de la privatización de las guerras, está invadido no sólo por tropas sino también por un enjambre de compañías privadas, fundamentalmente estadounidenses, que actúan en diferentes campos asociados con la seguridad tanto de las tropas estadounidenses como de las autoridades de ocupación y de los contratistas civiles extranjeros en busca de hacer negocios. El día 31 de marzo morían en una emboscada en Faluya cuatros miembros de seguridad de una de estas empresas, 'Blackwater'."
Las denominadas reconstrucciones de los países arrasados por las guerras lanzadas por EEUU están asociadas a intereses espurios que suponen un negocio de miles de millones de dólares (se calcula que alrededor de 87.000 millones) para compañías que se los están embolsando o que se aprestan a hacerlo. Iraq se está convirtiendo en paradigma culminante del fenómeno de la privatización de la guerra [1].
El país está siendo invadido no solo por Ejércitos convencionales, sino también por un enjambre de compañías privadas, fundamentalmente estadounidenses, que actúan en diferentes campos asociados con la seguridad tanto de las tropas estadounidenses como de las autoridades de la ocupación y de los contratistas civiles extranjeros en busca de hacer negocios. El día 31 de marzo morían en una emboscada de la resistencia en Faluya cuatros miembros de seguridad de una de estas empresas, Blackwater.
Seguridad privada y guerra
La empresa Kellogg, Brown & Root (KBR, filial del gigante Halliburton) lleva a cabo para las fuerzas de ocupación de Iraq servicios de cocina, limpieza, construcción de barracas militares y, según su vicepresidente, Robert Hendon, servicios de transporte para los militares por todo el país [2]. Tras el final de la Guerra Fría, KBR diversificó sus actividades ofreciendo todo tipo de apoyos logísticos al ejército estadounidense. Así, trabajó para el ejército de EEUU en Afganistán, Croacia, Kosovo, Kuwait, Arabia Saudí y Somalia. No en vano el actual vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, fue director ejecutivo de Halliburton a finales de los 90, quien en una ocasión manifestó orgullosamente: "[...] La primera persona que saluda a nuestros soldados cuando llegan y la última que les dice adiós es uno de nuestros empleados". Dick Cheney no es precisamente el único integrante de la Administración Bush conectado por su anterior puesto de trabajo con las compañías que se reparten el pastel en Iraq o en cualquier otro país donde haya algo que arrebatar y contabilizar en dólares: constan en la lista Condoleezza Rice, asesora presidencial de seguridad, Rumsfeld, vicesecretario de Defensa y el mismo George W. Bush.
El Centro Estadounidense para la Integridad Pública señala loo siguiente:
"[...] en los últimos dos años más de 70 compañías de EEUU han conseguido contratos en Iraq y Afganistán por un valor que alcanza ya los 8 mil millones dólares. La tercera parte de esta cantidad recae sobre las áreas de asistencia militar y seguridad y el resto en las referidas a la reconstrucción. La mayoría de los diez contratos con presupuesto más alto en Iraq han sido conseguidos por compañías que tenían antiguos funcionarios gubernamentales en nómina o que son conocidos por sus contactos con el Pentágono, el Departamento de Estado y las Fuerzas Armadas. La conexión entre compañías y políticos en Washington aumenta el espectro de ejecutivos que presionan por una política exterior de rapiña ya que obtienen beneficios a partir de las guerras."
Pero KBR -con contratos que alcanzan la cifra de más de 2,3 mil millones de dólares- no es el único actor privado en Iraq, aunque encabece la lista. Por el momento, el número de miembros de compañías privadas de seguridad (tanto civiles ex militares como militares en activo) sobre el terreno que realiza las labores que antes hacían los soldados se estima entre 10.000 y 15.000, uno por cada 10 militares [3].
Las ventajas de contratar civiles
¿Qué ventajas ofrece para EEUU el hecho de contratar civiles? Además de las crematísticas referidas se consigue que los empleados de las compañías que mueren en Iraq no pasen a engrosar las estadísticas gubernamentales sobre el número de muertos, y, con ello, que el ejército estadounidense no sea oficialmente responsable de actuaciones improcedentes, ilegales, abusivas, evitando el consiguiente impacto negativo en las opiniones públicas y muy particularmente en la propia.
Otra compañía estadounidense con presencia en Iraq es Dyncorp que, fundada por antiguos oficiales de la policía de la ciudad de Los Ángeles, entrena a las fuerzas de policía iraquí con un contrato por valor de 50 millones de dólares, tarea que facilitó el presidente Bush al solicitar que el Congreso financiara con una cantidad de 800 millones de dólares las instalaciones en Iraq donde realizar los entrenamientos y cuya contrata fue concedida a KBR. Dyncorp es también conocida por entrenar a las fuerzas paramilitares que operan en Colombia, por sus trabajos en Bosnia (donde se vio implicada en un odioso escándalo de esclavitud sexual con empleados acusados de violar, vender y comprar niñas menores de doce años) y por ocuparse de la seguridad personal del presidente Karzai en Afganistán, en un contrato que asciende a 130 mil dólares anuales.
Iraq, la guerra más privatizada de la historia
Por todo, la guerra en Iraq es de forma clara y con diferencia la más privatizada de la Historia. Peter Singer hace aportaciones interesantes sobre el tema en su reciente libro Guerreros asociados: el ascenso de la industria militar privatizada [4]:
"[...] Hay diez veces más civiles actuando en Kuwait y en Iraq que durante la primera Guerra del Golfo, lo que confirma la tendencia hacia la privatización de la guerra que se citaba anteriormente y que comenzó en 1989 con el fin de la Guerra Fría. [...] Cuando cayó el muro de Berlín todo el orden global se vino abajo de la noche a la mañana. El efecto resultante en la oferta y la demanda de servicios militares es que se produjo una desmovilización masiva creándose un vacío de seguridad que el mercado privado se apresuró a llenar."
Según Singer, Osama Ben Laden forma parte también de la tendencia global de privatización y aduce: "La novedad que Ben Laden ha aportado al terrorismo es su privatización, actuando fundamentalmente como una empresa capitalista con células terroristas cuando el patrocinio estatal se estaba agotando".
Aparte del elemento de reducción de tropas en los Ejércitos estatales de muchos países hay que tener en cuenta también el denominado "factor somalí": la imagen de los marines de EEUU arrastrados a través de las calles de Mogadiscio, capital del país, ha influido en que los gobiernos estén menos dispuestos a arriesgar las vidas de sus soldados en guerras lejanas de importancia estratégica limitada.
Logística, asesoramiento y entrenamiento militar privados
Todo ese vacío es el que trata de llenar el sector privado. Singer afirma que hay alrededor de 90 compañías privadas actuando en el mercado global de la seguridad con un montante de alrededor de 100 mil millones de dólares, cantidad que podría duplicarse en 2010. El mercado está dividido en los siguientes segmentos: primero, las firmas de apoyo militar como KBR que ofrecen fundamentalmente logística. En segundo lugar, están las firmas que ofrecen asesoramiento y entrenamiento, entre las que se encuentran Vinnell y Recursos Incorporados Profesionales Militares (RIPM), que afirman tener más generales por metro cuadrado que el Pentágono. Finalmente, las firmas que proporcionan militares, como Executive Outcomes and Sandline, que en sus páginas de internet ofrecen actualmente soldados y equipamiento para luchar en cualquier guerra. Sin embargo, son casos excepcionales. Más normales son las firmas que emplean antiguos soldados, quienes -según John Davidson, de Rubican- "[...] protegen a las personas y sus pertenencias en ambientes hostiles".
Los monopolios de la privatización de las guerras
Doug Brooks, presidente de la Asociación de Operaciones Internacionales para la Paz (AOIP), con sede en Washington, considera muy positivamente esta evolución de recorte y privatización de los Ejércitos estatales. La AOIP es esencialmente un grupo de presión que tiene entre sus miembros compañías militares como Sandline, MPRI y Armorgroup. Uno de sus objetivos es llevar a cabo con éxito "operaciones internacionales de paz" a través de un uso amplio de servicios militares privados.
"[...] Las compañías privadas son más rápidas, más baratas y normalmente, mucho mejores", afirma Brooks, quien añade: "Hay también numerosos informes anecdóticos de cómo muchos militares originan gastos excesivos que las compañías pueden hacer mejor por una parte de ese coste". El hecho de que estas compañías resulten más baratas no parece estar muy claro, sobre todo teniendo en cuenta que funcionan como un monopolio. Varios ejemplos: el caso de Halliburton, que ha sido acusada de cobrar al ejército de EEUU en Iraq un precio abusivo de 61 millones de dólares por suministrarle petróleo, o el de KBR que está bajo investigación por la sospecha de haber sobrecargado los precios cobrados durante la guerra de los Balcanes.
Pero la AOIP de Brooks asegura que "[...] es más fácil controlar las compañías militares privadas y se puede llevar mejor la contabilidad. Cuando afecta a casos de mantenimiento internacional de la paz, pueden llenar el vacío de las fuerzas occidentales que han abandonado hace tiempo ese tipo de operaciones".
Se refiere también a actuaciones de la compañía sudafricana Executive Outcomes (EO) en Sierra Leona en 1995. "EO tuvo una media de150 empleados en el país durante unos 21 meses, con un costo de 36 millones y la guerra había finalizado fundamentalmente en 1996" añadió. "Todo se vino abajo cuando el contrato fue cancelado prematuramente. Cuando Naciones Unidas llegaron en 1999, sus gastos ascendían a más de 60 millones de dólares por mes. Y en mayo de 2000, con 8.000 casos azules en el país, fueron derrotados por un puñado de guerrillas". La efectividad militar de EO es considerada como una historia de éxitos. Sin embargo, lo que Brooks no menciona es que los ejecutivos de la compañía eran dueños de una serie de compañías de minas y diamantes y que sus servicios eran pagados con concesiones mineras.
Otra compañía estadounidense asociada al fenómeno de la privatización de la seguridad que aporta aspectos novedosos de actuación es Blackwater, encargada, entre otras tareas, de la protección personal del proconsul Bremer en Iraq; a ella pertenecían los cuatros agentes de seguridad muertos en Faluya el 31 de marzo. Esta compañía ha fletado un vuelo desde Santiago de Chile hasta un campo de entrenamiento en Carolina del Norte con un primer grupo de 60 mercenarios chilenos -antiguos comandos, soldados y marineros- reclutados por un constructor del Pentágono para reemplazar a sus soldados en trabajos de seguridad en Iraq, donde se espera que permanezcan entre seis meses y un año, pagándoles hasta 4.000 dólares al mes por vigilar los pozos de petróleo contra los ataques de la resistencia iraquí. Muchos de los integrantes de estos comandos habían sido ya entrenados por militares estadounidenses bajo el gobierno de Augusto Pinochet, por tanto, inspiran una "gran confianza" a sus patronos.
En cualquier caso, según la denominada Program Management Office (instancia estadounidense encargada de gestionar el presupuesto destinado a la reconstrucción de Iraq), la partida correspondiente a seguridad de los contratos de las empresas estadounidenses ha aumentado hasta el 10%. Blackwater admite que este coste asciende en ciertas misiones al 25% [5].
A la búsqueda de mercenarios en Chile
Según el presidente de Blackwater, Gary Jackson, "[...]Recorremos todos los confines de la tierra para encontrar profesionales -los comandos chilenos son muy, muy profesionales y encajan dentro del sistema Blackwater". La antigua colaboración de esos militares chilenos con EEUU desde 1973 han dado muy buenos resultados para los objetivos estadounidenses. Chile ha sido el único país latinoamericano donde esa firma ha contratado comandos para Iraq [6].
La firma considera que "[...] alrededor del 95% de su trabajo proviene de contratos gubernamentales y que su negocio tiene mucha demanda. Hemos crecido un 300% en cada uno de los tres últimos años, y somos pequeños comparados con los grandes. Tenemos una buena posición en el mercado, trabajamos para obtener la flor y nata de la cosecha, los mejores".
Muchos soldados están dejando el ejército chileno para unirse a las compañías privadas. El reclutamiento en Chile empezó hace seis meses y fue criticado inmediatamente por los oficiales que temen que esto anime al personal que trabaja en el sector a abandonarlo. Cuestiones similares están creando problemas entre las fuerzas estadounidenses. El sector privado paga al personal de las fuerzas especiales más de lo que el ejército paga a sus fuerzas armadas.
Respondiendo al temor de que cualquiera de sus reclutados pudiera sufrir stress traumático durante su trabajo en Iraq y tuviera que ser devuelto a una sociedad chilena que no tiene esquemas sanitarios para esas situaciones, Jakson afirma que Blackwater USA tiene amplios programas de apoyo psicológico. "Tenemos psicólogos clínicos en el equipo y hacemos una batería de pruebas durante la fase de preparación. Yo procedo personalmente de experiencias operativas especiales y me siento tranquilo sabiendo que disponemos de procedimientos sobre el terreno que les permiten hacer frente al stress. Nosotros no sólo llegamos y decimos: 'tu y tu, ven a trabajar para nosotros.' Todos son investigados en Chile y todos ellos tienen experiencia militar. No son boy scouts". Es decir, todo está atado y previsto.
La cuestión en su conjunto ha motivado que Michelle Bachelet, ministra chilena de Defensa, haya pedido una investigación sobre el entrenamiento paramilitar llevado a cabo por Blackwater para ver si se estaban violando las leyes chilenas sobre el uso de armas por ciudadanos particulares. Diversos sectores críticos están ya advirtiendo que las compañías militares privadas a pesar de su suave imagen corporativa pueden ser una reencarnación de los mercenarios sin sentimientos que vagaban por África en los años 60 luchando sólo por dinero.
En Iraq hay varios millares de soldados reclutados de esa forma. Brigadas de bosnios, filipinos y estadounidenses con experiencia en fuerzas especiales han sido contratados para tareas que van desde la seguridad en el aeropuerto hasta la protección de Paul Bremer. Sus salarios pueden alcanzar, en determinados casos hasta los mil dólares al día, según informó recientemente la agencia de noticias AFP. Edwin, un antiguo sargento de 28 años del ejército de EEUU que trabaja ahora en Iraq afirma que: "Este lugar es una mina de oro. Todo lo que necesitas es haber pasado cinco años haciendo tareas militares y te puedes venir aquí y conseguir un buen montón".
Guardaespaldas iraquíes para las tropas japonesas
Japón que forma parte de la coalición de EEUU en la ocupación de Iraq con presencia de tropas en el país ha entrado igualmente en la dinámica de la privatización de la ocupación en Iraq. Según informaba Review of International Social Questions (RISQ, Revista de Cuestiones Sociales Internacionales) en su número del pasado 27 de enero, el gobierno japonés está pagando 75 millones de euros a los dirigentes tribales iraquíes para que proporcionen guardaespaldas a sus tropas en Iraq. La explicación ofrecida por el portavoz del primer ministro japonés Junichiro Koizumi ha sido la de que consideran más barato comprar seguridad a los dirigentes tribales para sus soldados con esa suma de dinero que pagar salarios. Japón justifica esta actuación alegando que ayudará a la economía local iraquí y beneficiará la política exterior de Japón con el nuevo Iraq.
RISQ expone que el origen del acuerdo estuvo en la visita a Japón que Abdul Amir al-Rukabi [7], exiliado iraquí que vive en París y que tiene vínculos directos con una tribu local hizo el pasado diciembre de 2003 y que, según una fuente de la oficina del primer ministro japonés, llegó a un acuerdo confidencial con el primer ministro: Japón pagaría una suma importante de dinero a cambio de protección. Ya ha adelantado un millón de dólares haciendo uso discrecional de los fondos con que cuentan tanto la Oficina del primer ministro como el ministerio de Asuntos Exteriores de aquel país para pagar las compensaciones por las posibles muertes de quienes se ocupen de la protección de los soldados japoneses.
En campamentos construidos con doble alambrada en los suburbios de la ciudad de as-Samanah, de cuyo abastecimiento de agua parece que estarán encargado el contingente japonés, éste empezó a llegar a finales de enero escoltado por tropas holandesas y protegidos por personas designadas por los líderes tribales a cambio del dinero recibido, quienes patrullarán las veinticuatro horas al día y serán asistidos en caso de ataques por las tropas holandesas.
Notas de la autora y de CSCAweb:
1. Véase en CSCAweb: La invasión de Iraq: Un paso más en la privatización de la guerra y la ocupación
2. KBR fue fundada en 1919 para realizar trabajos de pavimentación pero fue evolucionando hasta convertirse en una de las constructoras más importantes del mundo en provisión de instalaciones e infraestructuras diversas. Levantó el estadio para fórmula uno en Melbourne, varias edificaciones en Sydney y, más recientemente, asumió el reto de convertirse en el cerebro que maquinó y construyó las instalaciones carcelarias de la Bahía de Guantánamo donde EEUU tiene encarcelados a detenidos apresados en Afganistán.
3. The Guardian, 2 de abril de 2004.
4. Singer. P.W. 2003. Corporate Warriors: The Rise of the Privatized Military Industry, Cornell Studies in Security Affairs (ISBN: 0801441145).
5. The Economist, 27 de marzo de 2004 y The Guardian, 2 de abril de 2004.
6. The Guardian de 5 de marzo de 2004.
7. Véase: "Shukan Post" The Weekly, Japan today, Duth Ministry of Defense, en www.risq.org/article276.html.
Soldados, mercenarios y empresarios: La privatización de la guerra avanza en el Iraq ocupado
Sinfo Fernández*
CSCAweb (www.nodo50.org/csca), 7 de abril de 2004
Sinfo Fernández Navarro, Madrid, 29 de marzo de 2004
"Iraq, paradigma culminante del fenómeno de la privatización de las guerras, está invadido no sólo por tropas sino también por un enjambre de compañías privadas, fundamentalmente estadounidenses, que actúan en diferentes campos asociados con la seguridad tanto de las tropas estadounidenses como de las autoridades de ocupación y de los contratistas civiles extranjeros en busca de hacer negocios. El día 31 de marzo morían en una emboscada en Faluya cuatros miembros de seguridad de una de estas empresas, 'Blackwater'."
Las denominadas reconstrucciones de los países arrasados por las guerras lanzadas por EEUU están asociadas a intereses espurios que suponen un negocio de miles de millones de dólares (se calcula que alrededor de 87.000 millones) para compañías que se los están embolsando o que se aprestan a hacerlo. Iraq se está convirtiendo en paradigma culminante del fenómeno de la privatización de la guerra [1].
El país está siendo invadido no solo por Ejércitos convencionales, sino también por un enjambre de compañías privadas, fundamentalmente estadounidenses, que actúan en diferentes campos asociados con la seguridad tanto de las tropas estadounidenses como de las autoridades de la ocupación y de los contratistas civiles extranjeros en busca de hacer negocios. El día 31 de marzo morían en una emboscada de la resistencia en Faluya cuatros miembros de seguridad de una de estas empresas, Blackwater.
Seguridad privada y guerra
La empresa Kellogg, Brown & Root (KBR, filial del gigante Halliburton) lleva a cabo para las fuerzas de ocupación de Iraq servicios de cocina, limpieza, construcción de barracas militares y, según su vicepresidente, Robert Hendon, servicios de transporte para los militares por todo el país [2]. Tras el final de la Guerra Fría, KBR diversificó sus actividades ofreciendo todo tipo de apoyos logísticos al ejército estadounidense. Así, trabajó para el ejército de EEUU en Afganistán, Croacia, Kosovo, Kuwait, Arabia Saudí y Somalia. No en vano el actual vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, fue director ejecutivo de Halliburton a finales de los 90, quien en una ocasión manifestó orgullosamente: "[...] La primera persona que saluda a nuestros soldados cuando llegan y la última que les dice adiós es uno de nuestros empleados". Dick Cheney no es precisamente el único integrante de la Administración Bush conectado por su anterior puesto de trabajo con las compañías que se reparten el pastel en Iraq o en cualquier otro país donde haya algo que arrebatar y contabilizar en dólares: constan en la lista Condoleezza Rice, asesora presidencial de seguridad, Rumsfeld, vicesecretario de Defensa y el mismo George W. Bush.
El Centro Estadounidense para la Integridad Pública señala loo siguiente:
"[...] en los últimos dos años más de 70 compañías de EEUU han conseguido contratos en Iraq y Afganistán por un valor que alcanza ya los 8 mil millones dólares. La tercera parte de esta cantidad recae sobre las áreas de asistencia militar y seguridad y el resto en las referidas a la reconstrucción. La mayoría de los diez contratos con presupuesto más alto en Iraq han sido conseguidos por compañías que tenían antiguos funcionarios gubernamentales en nómina o que son conocidos por sus contactos con el Pentágono, el Departamento de Estado y las Fuerzas Armadas. La conexión entre compañías y políticos en Washington aumenta el espectro de ejecutivos que presionan por una política exterior de rapiña ya que obtienen beneficios a partir de las guerras."
Pero KBR -con contratos que alcanzan la cifra de más de 2,3 mil millones de dólares- no es el único actor privado en Iraq, aunque encabece la lista. Por el momento, el número de miembros de compañías privadas de seguridad (tanto civiles ex militares como militares en activo) sobre el terreno que realiza las labores que antes hacían los soldados se estima entre 10.000 y 15.000, uno por cada 10 militares [3].
Las ventajas de contratar civiles
¿Qué ventajas ofrece para EEUU el hecho de contratar civiles? Además de las crematísticas referidas se consigue que los empleados de las compañías que mueren en Iraq no pasen a engrosar las estadísticas gubernamentales sobre el número de muertos, y, con ello, que el ejército estadounidense no sea oficialmente responsable de actuaciones improcedentes, ilegales, abusivas, evitando el consiguiente impacto negativo en las opiniones públicas y muy particularmente en la propia.
Otra compañía estadounidense con presencia en Iraq es Dyncorp que, fundada por antiguos oficiales de la policía de la ciudad de Los Ángeles, entrena a las fuerzas de policía iraquí con un contrato por valor de 50 millones de dólares, tarea que facilitó el presidente Bush al solicitar que el Congreso financiara con una cantidad de 800 millones de dólares las instalaciones en Iraq donde realizar los entrenamientos y cuya contrata fue concedida a KBR. Dyncorp es también conocida por entrenar a las fuerzas paramilitares que operan en Colombia, por sus trabajos en Bosnia (donde se vio implicada en un odioso escándalo de esclavitud sexual con empleados acusados de violar, vender y comprar niñas menores de doce años) y por ocuparse de la seguridad personal del presidente Karzai en Afganistán, en un contrato que asciende a 130 mil dólares anuales.
Iraq, la guerra más privatizada de la historia
Por todo, la guerra en Iraq es de forma clara y con diferencia la más privatizada de la Historia. Peter Singer hace aportaciones interesantes sobre el tema en su reciente libro Guerreros asociados: el ascenso de la industria militar privatizada [4]:
"[...] Hay diez veces más civiles actuando en Kuwait y en Iraq que durante la primera Guerra del Golfo, lo que confirma la tendencia hacia la privatización de la guerra que se citaba anteriormente y que comenzó en 1989 con el fin de la Guerra Fría. [...] Cuando cayó el muro de Berlín todo el orden global se vino abajo de la noche a la mañana. El efecto resultante en la oferta y la demanda de servicios militares es que se produjo una desmovilización masiva creándose un vacío de seguridad que el mercado privado se apresuró a llenar."
Según Singer, Osama Ben Laden forma parte también de la tendencia global de privatización y aduce: "La novedad que Ben Laden ha aportado al terrorismo es su privatización, actuando fundamentalmente como una empresa capitalista con células terroristas cuando el patrocinio estatal se estaba agotando".
Aparte del elemento de reducción de tropas en los Ejércitos estatales de muchos países hay que tener en cuenta también el denominado "factor somalí": la imagen de los marines de EEUU arrastrados a través de las calles de Mogadiscio, capital del país, ha influido en que los gobiernos estén menos dispuestos a arriesgar las vidas de sus soldados en guerras lejanas de importancia estratégica limitada.
Logística, asesoramiento y entrenamiento militar privados
Todo ese vacío es el que trata de llenar el sector privado. Singer afirma que hay alrededor de 90 compañías privadas actuando en el mercado global de la seguridad con un montante de alrededor de 100 mil millones de dólares, cantidad que podría duplicarse en 2010. El mercado está dividido en los siguientes segmentos: primero, las firmas de apoyo militar como KBR que ofrecen fundamentalmente logística. En segundo lugar, están las firmas que ofrecen asesoramiento y entrenamiento, entre las que se encuentran Vinnell y Recursos Incorporados Profesionales Militares (RIPM), que afirman tener más generales por metro cuadrado que el Pentágono. Finalmente, las firmas que proporcionan militares, como Executive Outcomes and Sandline, que en sus páginas de internet ofrecen actualmente soldados y equipamiento para luchar en cualquier guerra. Sin embargo, son casos excepcionales. Más normales son las firmas que emplean antiguos soldados, quienes -según John Davidson, de Rubican- "[...] protegen a las personas y sus pertenencias en ambientes hostiles".
Los monopolios de la privatización de las guerras
Doug Brooks, presidente de la Asociación de Operaciones Internacionales para la Paz (AOIP), con sede en Washington, considera muy positivamente esta evolución de recorte y privatización de los Ejércitos estatales. La AOIP es esencialmente un grupo de presión que tiene entre sus miembros compañías militares como Sandline, MPRI y Armorgroup. Uno de sus objetivos es llevar a cabo con éxito "operaciones internacionales de paz" a través de un uso amplio de servicios militares privados.
"[...] Las compañías privadas son más rápidas, más baratas y normalmente, mucho mejores", afirma Brooks, quien añade: "Hay también numerosos informes anecdóticos de cómo muchos militares originan gastos excesivos que las compañías pueden hacer mejor por una parte de ese coste". El hecho de que estas compañías resulten más baratas no parece estar muy claro, sobre todo teniendo en cuenta que funcionan como un monopolio. Varios ejemplos: el caso de Halliburton, que ha sido acusada de cobrar al ejército de EEUU en Iraq un precio abusivo de 61 millones de dólares por suministrarle petróleo, o el de KBR que está bajo investigación por la sospecha de haber sobrecargado los precios cobrados durante la guerra de los Balcanes.
Pero la AOIP de Brooks asegura que "[...] es más fácil controlar las compañías militares privadas y se puede llevar mejor la contabilidad. Cuando afecta a casos de mantenimiento internacional de la paz, pueden llenar el vacío de las fuerzas occidentales que han abandonado hace tiempo ese tipo de operaciones".
Se refiere también a actuaciones de la compañía sudafricana Executive Outcomes (EO) en Sierra Leona en 1995. "EO tuvo una media de150 empleados en el país durante unos 21 meses, con un costo de 36 millones y la guerra había finalizado fundamentalmente en 1996" añadió. "Todo se vino abajo cuando el contrato fue cancelado prematuramente. Cuando Naciones Unidas llegaron en 1999, sus gastos ascendían a más de 60 millones de dólares por mes. Y en mayo de 2000, con 8.000 casos azules en el país, fueron derrotados por un puñado de guerrillas". La efectividad militar de EO es considerada como una historia de éxitos. Sin embargo, lo que Brooks no menciona es que los ejecutivos de la compañía eran dueños de una serie de compañías de minas y diamantes y que sus servicios eran pagados con concesiones mineras.
Otra compañía estadounidense asociada al fenómeno de la privatización de la seguridad que aporta aspectos novedosos de actuación es Blackwater, encargada, entre otras tareas, de la protección personal del proconsul Bremer en Iraq; a ella pertenecían los cuatros agentes de seguridad muertos en Faluya el 31 de marzo. Esta compañía ha fletado un vuelo desde Santiago de Chile hasta un campo de entrenamiento en Carolina del Norte con un primer grupo de 60 mercenarios chilenos -antiguos comandos, soldados y marineros- reclutados por un constructor del Pentágono para reemplazar a sus soldados en trabajos de seguridad en Iraq, donde se espera que permanezcan entre seis meses y un año, pagándoles hasta 4.000 dólares al mes por vigilar los pozos de petróleo contra los ataques de la resistencia iraquí. Muchos de los integrantes de estos comandos habían sido ya entrenados por militares estadounidenses bajo el gobierno de Augusto Pinochet, por tanto, inspiran una "gran confianza" a sus patronos.
En cualquier caso, según la denominada Program Management Office (instancia estadounidense encargada de gestionar el presupuesto destinado a la reconstrucción de Iraq), la partida correspondiente a seguridad de los contratos de las empresas estadounidenses ha aumentado hasta el 10%. Blackwater admite que este coste asciende en ciertas misiones al 25% [5].
A la búsqueda de mercenarios en Chile
Según el presidente de Blackwater, Gary Jackson, "[...]Recorremos todos los confines de la tierra para encontrar profesionales -los comandos chilenos son muy, muy profesionales y encajan dentro del sistema Blackwater". La antigua colaboración de esos militares chilenos con EEUU desde 1973 han dado muy buenos resultados para los objetivos estadounidenses. Chile ha sido el único país latinoamericano donde esa firma ha contratado comandos para Iraq [6].
La firma considera que "[...] alrededor del 95% de su trabajo proviene de contratos gubernamentales y que su negocio tiene mucha demanda. Hemos crecido un 300% en cada uno de los tres últimos años, y somos pequeños comparados con los grandes. Tenemos una buena posición en el mercado, trabajamos para obtener la flor y nata de la cosecha, los mejores".
Muchos soldados están dejando el ejército chileno para unirse a las compañías privadas. El reclutamiento en Chile empezó hace seis meses y fue criticado inmediatamente por los oficiales que temen que esto anime al personal que trabaja en el sector a abandonarlo. Cuestiones similares están creando problemas entre las fuerzas estadounidenses. El sector privado paga al personal de las fuerzas especiales más de lo que el ejército paga a sus fuerzas armadas.
Respondiendo al temor de que cualquiera de sus reclutados pudiera sufrir stress traumático durante su trabajo en Iraq y tuviera que ser devuelto a una sociedad chilena que no tiene esquemas sanitarios para esas situaciones, Jakson afirma que Blackwater USA tiene amplios programas de apoyo psicológico. "Tenemos psicólogos clínicos en el equipo y hacemos una batería de pruebas durante la fase de preparación. Yo procedo personalmente de experiencias operativas especiales y me siento tranquilo sabiendo que disponemos de procedimientos sobre el terreno que les permiten hacer frente al stress. Nosotros no sólo llegamos y decimos: 'tu y tu, ven a trabajar para nosotros.' Todos son investigados en Chile y todos ellos tienen experiencia militar. No son boy scouts". Es decir, todo está atado y previsto.
La cuestión en su conjunto ha motivado que Michelle Bachelet, ministra chilena de Defensa, haya pedido una investigación sobre el entrenamiento paramilitar llevado a cabo por Blackwater para ver si se estaban violando las leyes chilenas sobre el uso de armas por ciudadanos particulares. Diversos sectores críticos están ya advirtiendo que las compañías militares privadas a pesar de su suave imagen corporativa pueden ser una reencarnación de los mercenarios sin sentimientos que vagaban por África en los años 60 luchando sólo por dinero.
En Iraq hay varios millares de soldados reclutados de esa forma. Brigadas de bosnios, filipinos y estadounidenses con experiencia en fuerzas especiales han sido contratados para tareas que van desde la seguridad en el aeropuerto hasta la protección de Paul Bremer. Sus salarios pueden alcanzar, en determinados casos hasta los mil dólares al día, según informó recientemente la agencia de noticias AFP. Edwin, un antiguo sargento de 28 años del ejército de EEUU que trabaja ahora en Iraq afirma que: "Este lugar es una mina de oro. Todo lo que necesitas es haber pasado cinco años haciendo tareas militares y te puedes venir aquí y conseguir un buen montón".
Guardaespaldas iraquíes para las tropas japonesas
Japón que forma parte de la coalición de EEUU en la ocupación de Iraq con presencia de tropas en el país ha entrado igualmente en la dinámica de la privatización de la ocupación en Iraq. Según informaba Review of International Social Questions (RISQ, Revista de Cuestiones Sociales Internacionales) en su número del pasado 27 de enero, el gobierno japonés está pagando 75 millones de euros a los dirigentes tribales iraquíes para que proporcionen guardaespaldas a sus tropas en Iraq. La explicación ofrecida por el portavoz del primer ministro japonés Junichiro Koizumi ha sido la de que consideran más barato comprar seguridad a los dirigentes tribales para sus soldados con esa suma de dinero que pagar salarios. Japón justifica esta actuación alegando que ayudará a la economía local iraquí y beneficiará la política exterior de Japón con el nuevo Iraq.
RISQ expone que el origen del acuerdo estuvo en la visita a Japón que Abdul Amir al-Rukabi [7], exiliado iraquí que vive en París y que tiene vínculos directos con una tribu local hizo el pasado diciembre de 2003 y que, según una fuente de la oficina del primer ministro japonés, llegó a un acuerdo confidencial con el primer ministro: Japón pagaría una suma importante de dinero a cambio de protección. Ya ha adelantado un millón de dólares haciendo uso discrecional de los fondos con que cuentan tanto la Oficina del primer ministro como el ministerio de Asuntos Exteriores de aquel país para pagar las compensaciones por las posibles muertes de quienes se ocupen de la protección de los soldados japoneses.
En campamentos construidos con doble alambrada en los suburbios de la ciudad de as-Samanah, de cuyo abastecimiento de agua parece que estarán encargado el contingente japonés, éste empezó a llegar a finales de enero escoltado por tropas holandesas y protegidos por personas designadas por los líderes tribales a cambio del dinero recibido, quienes patrullarán las veinticuatro horas al día y serán asistidos en caso de ataques por las tropas holandesas.
Notas de la autora y de CSCAweb:
1. Véase en CSCAweb: La invasión de Iraq: Un paso más en la privatización de la guerra y la ocupación
2. KBR fue fundada en 1919 para realizar trabajos de pavimentación pero fue evolucionando hasta convertirse en una de las constructoras más importantes del mundo en provisión de instalaciones e infraestructuras diversas. Levantó el estadio para fórmula uno en Melbourne, varias edificaciones en Sydney y, más recientemente, asumió el reto de convertirse en el cerebro que maquinó y construyó las instalaciones carcelarias de la Bahía de Guantánamo donde EEUU tiene encarcelados a detenidos apresados en Afganistán.
3. The Guardian, 2 de abril de 2004.
4. Singer. P.W. 2003. Corporate Warriors: The Rise of the Privatized Military Industry, Cornell Studies in Security Affairs (ISBN: 0801441145).
5. The Economist, 27 de marzo de 2004 y The Guardian, 2 de abril de 2004.
6. The Guardian de 5 de marzo de 2004.
7. Véase: "Shukan Post" The Weekly, Japan today, Duth Ministry of Defense, en www.risq.org/article276.html.
Judy Clarke: Los mercenarios toman IRAK
Judy Clarke: Los mercenarios toman IRAK
"Fue un tiro al azar", dice Gary Jackson, en una más que simbólica metáfora sobre su decisión de crear en 1998 la empresa Black-water. Entonces, el negocio de la guerra no era una apuesta segura, pero los fundadores de esta compañía con sede en Moyock, Carolina del Norte, ya vislumbraban por dónde 'iban Ios tiros'. Durante la guerra del Golfo, el Pentágono había comenzado a sustituir tropas por contratas privadas y encargaba a empresas civiles el apoyo logístico de los soldados en el frente. Jackson y sus socios vieron el negocio: muchas de las labores que tradicionalmente desempeñaban las tropas uniformadas se privatizarían en los siguientes años. Así que ellos se ofrecían como empresa para el abastecimiento y entrenamiento de militares y para la protección de edificios del Gobierno en todo el mundo. El negocio iba a ritmo lento, pero seguro, hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando se disparó en dirección contraria a las Torres Gemelas. Mientras los edificios caían, empresas como Blackwater, DynCorp, Kroll, Halliburton... alcanzaban cifras astronómicas en su cuenta de resultados al convertirse en las proveedoras de material, conocimiento y, lo más sorprendente, soldados 'civiles'.
En la actualidad, en Irak trabajan cerca de 20.000 de estos soldados de más de 20 nacionalidades, lo que significa que hay un mercenario por cada nueve soldados. En la primera guerra del Golfo, en 1991, esta proporción alcanzó un máximo de uno a cien. En conjunto, constituyen el segundo contingente más importante de todos los que la coalición encabezada por Estados Unidos tiene destacados en Irak; su número de efectivos sólo es superado por los norteamericanos y está muy por encima de la cifra de británicos.
La Convención de Ginebra prohíbe expresamente el empleo de mercenarios, soldados de fortuna que luchan a título personal por dinero, de modo que las compañías privadas que ofrecen este tipo de servicios tienen mucho cuidado de no utilizar el término. Ellos trabajan para el Gobierno norteamericano y se autodefinen como "expertos en soluciones" que trabajan en "seguridad".
Estos soldados privados que operan en Irak están empleados por una veintena de empresas militares norteamericanas, las llamadas Private Military Contractors (PMC en sus siglas inglesas; Contratistas Militares Privados), que consiguen sus contratos directamente del Pentágono. En el caso de Irak, los mercenarios pueden llegar a cobrar hasta 350.000 dólares al año en función de la peligrosidad del trabajo. Sin embargo, esta elevada remuneración va asociada a unos riesgos considerables.
Cada vez es más frecuente que los empleados de las PMC sean secuestrados o asesinados. Una cuarentena fueron secuestrados en dos semanas en Irak. El caso más conocido es el de los cuatro italianos que habían sido contratados por la compañía norteamericana DTS LLC Security, uno de los cuales, Fabrizio Quatrocchi, fue ejecutado por las autodenominadas Brigadas Verdes de Mahoma el 14 de abril. Poco antes, a finales de marzo, una multitud enfurecida arrastró los cuerpos mutilados de cuatro norteamericanos por las calles de Faluya y acabó colgándolos de un puente. Los fallecidos habían sido contratados por la empresa militar Blackwater. Otra compañía del sector, Halliburton, declaró a mediados de abril que 30 de sus empleados civiles habían muerto en Irak. La mayoría de ellos, como el conductor Thomas Hamill, trabaja para una filial, Kellogg Brown & Root (KBR), la mayor empresa militar de Estados Unidos. Junto con Hamill, desaparecieron otros siete empleados civiles de KBR.
La otra gran firma americana especializada en contratos de alto riesgo para el Pentágono y el Departamento de Estado es DynCorp International, que un mes después de que las tropas de Estados Unidos ocuparan Bagdad ya había firmado un contrato de 50 millones de dólares para encargarse de la formación de la Policía iraquí. Para ello, DynCorp contrató a unos 1.000 policías americanos que se trasladaron a Irak. La paga era buena: 155.000 dólares al año, la mayoría de ellos libres de impuestos, y los gastos totalmente cubiertos. Pero no son los que más cobran: un consultor de seguridad con experiencia puede hacer 250.000 dólares al año. Blackwater tiene 400 empleados en Irak que cobran una media de 1.200 euros al día. El problema, por lo tanto, no es encontrar a gente, sino dar con la persona adecuada.
"Poder llevar un arma automática en un país del Tercer Mundo sin una autoridad que te controle es un imán para los buscadores compulsivos del peligro", comenta el periodista de Esquire Tucker Carlson, quien pudo convivir con los empleados de DynCorp en Irak. Aunque asegura que compañías como ésa filtran mucho a su personal, sobre todo para evitar problemas y la mala publicidad que conllevan, admite que con la cantidad de millones de dólares destinados por el Gobierno americano a las compañías de reconstrucción, el filtro en los ultimos meses no ha sido muy efectivo. Carlson relata varios incidentes, algunos protagonizados por los kurdos que subcontrata DynCorp para ayudarlos en los controles y otros, por presuntos ex soldados con más alcohol que principios, como un tal Richard, empleado de una empresa de seguridad que se atribuye haber sido miembro del cuerpo de élite del Ejército británico. Días después, el tipo mata al hombre al que debía proteger, presuntamente por un accidente en su arma automática. No había servido nunca en el SAS. "Hay civiles cargando armas en Irak que no deberían llevarlas", concluye Carlson.
Sin embargo, cada día serán más los que las lleven si sigue adelante la estrategia de la Administración Bush para privatizar el Ejército. La estrategia no es nueva. En 1992, Richard Cheney, por entonces secretario de Defensa de la Administración de George Bush padre, encargó a la empresa Brown & Root un proyecto de privatización. Todas las tareas militares, hasta el mismo núcleo de una unidad combatiente, debían organizarse de acuerdo con principios económicos. Entre 1994 y 2001, el Ministerio de Defensa de Estados Unidos firmó más de 3.000 contratos por valor de más de 300.000 millones de dólares con 12 empresas militares privadas. Las más favorecidas fueron las empresas Booz Allen Hamilton y KBR, filial de Halliburton, la empresa la dirigió durante cinco años Richard Cheney, ahora vicepresidente.
Según las investigaciones de los analistas financieros Equitable Services, las cien mayores empresas del sector han tenido una facturación de más de 100.000 millones de dólares. Para el año 2010 podrían ser más de 200.000 millones. "El mercado de las empresas de servicios militares crecerá a largo plazo más de un ocho por ciento anual", afirma Peter Singer, especialista en asuntos militares de la Brookings Institution de Washington. "Los norteamericanos no podrán Ilevar a cabo futuras guerras sin contar con las empresas de servicios militares". De los cerca de 4.000 millones de dólares mensuales que cuesta la guerra y ocupación de Irak, cerca del 30 por ciento acaba en las arcas de las empresas privadas.
Pero, además, al amenazante poder económico de estas compañías se une el vacío legal para controlar su gestión. "No están sometidos a ninguna legislación específica, si acaso sólo a las leyes de la economía de mercado, de la oferta y la demanda", afirma Singer.
La ambigüedad es tal, que incluso pone nerviosos a los contratistas privados, especialmente a los de formación militar, como Kelly McCann, un ex marine que ahora lidera uno de los grupos de DynCorp en Irak. "Si no hay parámetros, ¿cómo sé si he hecho algo mal? Esto es como el Salvaje Oeste, pero nadie es el she-riff ". El actor Sean Penn pudo dar fe de ello cuando viajó a Bagdad el año pasado en un intento de denunciar la previsible intervención militar de su país en Irak. Cuando bajaba del taxi, unos soldados civiles lo vieron y lo reconocieron. Evidentemente, no era santo de su devoción. Así que con la excusa de registrar su equipo, le tuvieron 45 minutos bajo la lluvia. "No había nada que Penn pudiese hacer -cuentan los testigos-. Ellos tenían armas y él, no. Mala suerte".
Mucho más grave es lo sucedido en Bosnia, donde dos empleados de DynCorp estuvieron implicados en un escándalo sexual. Según documentos judiciales, los empleados compraban y vendían chicas bosnias, algunas de 13 años, como esclavas sexuales. Los hombres no llegaron a ser procesados porque no había legislación. DynCorp los envió a casa y despidió a los dos empleados que habían dado la voz de alarma. En la actualidad, la empresa tiene un contrato por valor de 250 millones de dólares en Irak. Es también una de las compañías que contribuye con donaciones más generosas a las campañas electorales.
Hace ya tiempo que el lobby del sector de defensa ejerce toda su influencia en Washington. La industria del armamento destina cada año más de 30 millones de dólares a la financiación de campañas. Además, la dependencia estratégica cada vez es mayor. El 28 por ciento de los sistemas de armamento de Estados Unidos depende ya de estas empresas y Bush quiere que alcance el 50 por ciento. El Gobierno acabará siendo su 'rehén'. Y no parece que vayan a aceptar órdenes. Dave Smith, un ex soldado británico que trabaja para una empresa de seguridad, lo explica a su manera: "La diferencia entre un contratado civil y un soldado es que a mí me pagan cinco veces más y yo puedo enviarte a la mierda si no quiero hacer lo que me pides".
El Semanal, 09/05/04
"Fue un tiro al azar", dice Gary Jackson, en una más que simbólica metáfora sobre su decisión de crear en 1998 la empresa Black-water. Entonces, el negocio de la guerra no era una apuesta segura, pero los fundadores de esta compañía con sede en Moyock, Carolina del Norte, ya vislumbraban por dónde 'iban Ios tiros'. Durante la guerra del Golfo, el Pentágono había comenzado a sustituir tropas por contratas privadas y encargaba a empresas civiles el apoyo logístico de los soldados en el frente. Jackson y sus socios vieron el negocio: muchas de las labores que tradicionalmente desempeñaban las tropas uniformadas se privatizarían en los siguientes años. Así que ellos se ofrecían como empresa para el abastecimiento y entrenamiento de militares y para la protección de edificios del Gobierno en todo el mundo. El negocio iba a ritmo lento, pero seguro, hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando se disparó en dirección contraria a las Torres Gemelas. Mientras los edificios caían, empresas como Blackwater, DynCorp, Kroll, Halliburton... alcanzaban cifras astronómicas en su cuenta de resultados al convertirse en las proveedoras de material, conocimiento y, lo más sorprendente, soldados 'civiles'.
En la actualidad, en Irak trabajan cerca de 20.000 de estos soldados de más de 20 nacionalidades, lo que significa que hay un mercenario por cada nueve soldados. En la primera guerra del Golfo, en 1991, esta proporción alcanzó un máximo de uno a cien. En conjunto, constituyen el segundo contingente más importante de todos los que la coalición encabezada por Estados Unidos tiene destacados en Irak; su número de efectivos sólo es superado por los norteamericanos y está muy por encima de la cifra de británicos.
La Convención de Ginebra prohíbe expresamente el empleo de mercenarios, soldados de fortuna que luchan a título personal por dinero, de modo que las compañías privadas que ofrecen este tipo de servicios tienen mucho cuidado de no utilizar el término. Ellos trabajan para el Gobierno norteamericano y se autodefinen como "expertos en soluciones" que trabajan en "seguridad".
Estos soldados privados que operan en Irak están empleados por una veintena de empresas militares norteamericanas, las llamadas Private Military Contractors (PMC en sus siglas inglesas; Contratistas Militares Privados), que consiguen sus contratos directamente del Pentágono. En el caso de Irak, los mercenarios pueden llegar a cobrar hasta 350.000 dólares al año en función de la peligrosidad del trabajo. Sin embargo, esta elevada remuneración va asociada a unos riesgos considerables.
Cada vez es más frecuente que los empleados de las PMC sean secuestrados o asesinados. Una cuarentena fueron secuestrados en dos semanas en Irak. El caso más conocido es el de los cuatro italianos que habían sido contratados por la compañía norteamericana DTS LLC Security, uno de los cuales, Fabrizio Quatrocchi, fue ejecutado por las autodenominadas Brigadas Verdes de Mahoma el 14 de abril. Poco antes, a finales de marzo, una multitud enfurecida arrastró los cuerpos mutilados de cuatro norteamericanos por las calles de Faluya y acabó colgándolos de un puente. Los fallecidos habían sido contratados por la empresa militar Blackwater. Otra compañía del sector, Halliburton, declaró a mediados de abril que 30 de sus empleados civiles habían muerto en Irak. La mayoría de ellos, como el conductor Thomas Hamill, trabaja para una filial, Kellogg Brown & Root (KBR), la mayor empresa militar de Estados Unidos. Junto con Hamill, desaparecieron otros siete empleados civiles de KBR.
La otra gran firma americana especializada en contratos de alto riesgo para el Pentágono y el Departamento de Estado es DynCorp International, que un mes después de que las tropas de Estados Unidos ocuparan Bagdad ya había firmado un contrato de 50 millones de dólares para encargarse de la formación de la Policía iraquí. Para ello, DynCorp contrató a unos 1.000 policías americanos que se trasladaron a Irak. La paga era buena: 155.000 dólares al año, la mayoría de ellos libres de impuestos, y los gastos totalmente cubiertos. Pero no son los que más cobran: un consultor de seguridad con experiencia puede hacer 250.000 dólares al año. Blackwater tiene 400 empleados en Irak que cobran una media de 1.200 euros al día. El problema, por lo tanto, no es encontrar a gente, sino dar con la persona adecuada.
"Poder llevar un arma automática en un país del Tercer Mundo sin una autoridad que te controle es un imán para los buscadores compulsivos del peligro", comenta el periodista de Esquire Tucker Carlson, quien pudo convivir con los empleados de DynCorp en Irak. Aunque asegura que compañías como ésa filtran mucho a su personal, sobre todo para evitar problemas y la mala publicidad que conllevan, admite que con la cantidad de millones de dólares destinados por el Gobierno americano a las compañías de reconstrucción, el filtro en los ultimos meses no ha sido muy efectivo. Carlson relata varios incidentes, algunos protagonizados por los kurdos que subcontrata DynCorp para ayudarlos en los controles y otros, por presuntos ex soldados con más alcohol que principios, como un tal Richard, empleado de una empresa de seguridad que se atribuye haber sido miembro del cuerpo de élite del Ejército británico. Días después, el tipo mata al hombre al que debía proteger, presuntamente por un accidente en su arma automática. No había servido nunca en el SAS. "Hay civiles cargando armas en Irak que no deberían llevarlas", concluye Carlson.
Sin embargo, cada día serán más los que las lleven si sigue adelante la estrategia de la Administración Bush para privatizar el Ejército. La estrategia no es nueva. En 1992, Richard Cheney, por entonces secretario de Defensa de la Administración de George Bush padre, encargó a la empresa Brown & Root un proyecto de privatización. Todas las tareas militares, hasta el mismo núcleo de una unidad combatiente, debían organizarse de acuerdo con principios económicos. Entre 1994 y 2001, el Ministerio de Defensa de Estados Unidos firmó más de 3.000 contratos por valor de más de 300.000 millones de dólares con 12 empresas militares privadas. Las más favorecidas fueron las empresas Booz Allen Hamilton y KBR, filial de Halliburton, la empresa la dirigió durante cinco años Richard Cheney, ahora vicepresidente.
Según las investigaciones de los analistas financieros Equitable Services, las cien mayores empresas del sector han tenido una facturación de más de 100.000 millones de dólares. Para el año 2010 podrían ser más de 200.000 millones. "El mercado de las empresas de servicios militares crecerá a largo plazo más de un ocho por ciento anual", afirma Peter Singer, especialista en asuntos militares de la Brookings Institution de Washington. "Los norteamericanos no podrán Ilevar a cabo futuras guerras sin contar con las empresas de servicios militares". De los cerca de 4.000 millones de dólares mensuales que cuesta la guerra y ocupación de Irak, cerca del 30 por ciento acaba en las arcas de las empresas privadas.
Pero, además, al amenazante poder económico de estas compañías se une el vacío legal para controlar su gestión. "No están sometidos a ninguna legislación específica, si acaso sólo a las leyes de la economía de mercado, de la oferta y la demanda", afirma Singer.
La ambigüedad es tal, que incluso pone nerviosos a los contratistas privados, especialmente a los de formación militar, como Kelly McCann, un ex marine que ahora lidera uno de los grupos de DynCorp en Irak. "Si no hay parámetros, ¿cómo sé si he hecho algo mal? Esto es como el Salvaje Oeste, pero nadie es el she-riff ". El actor Sean Penn pudo dar fe de ello cuando viajó a Bagdad el año pasado en un intento de denunciar la previsible intervención militar de su país en Irak. Cuando bajaba del taxi, unos soldados civiles lo vieron y lo reconocieron. Evidentemente, no era santo de su devoción. Así que con la excusa de registrar su equipo, le tuvieron 45 minutos bajo la lluvia. "No había nada que Penn pudiese hacer -cuentan los testigos-. Ellos tenían armas y él, no. Mala suerte".
Mucho más grave es lo sucedido en Bosnia, donde dos empleados de DynCorp estuvieron implicados en un escándalo sexual. Según documentos judiciales, los empleados compraban y vendían chicas bosnias, algunas de 13 años, como esclavas sexuales. Los hombres no llegaron a ser procesados porque no había legislación. DynCorp los envió a casa y despidió a los dos empleados que habían dado la voz de alarma. En la actualidad, la empresa tiene un contrato por valor de 250 millones de dólares en Irak. Es también una de las compañías que contribuye con donaciones más generosas a las campañas electorales.
Hace ya tiempo que el lobby del sector de defensa ejerce toda su influencia en Washington. La industria del armamento destina cada año más de 30 millones de dólares a la financiación de campañas. Además, la dependencia estratégica cada vez es mayor. El 28 por ciento de los sistemas de armamento de Estados Unidos depende ya de estas empresas y Bush quiere que alcance el 50 por ciento. El Gobierno acabará siendo su 'rehén'. Y no parece que vayan a aceptar órdenes. Dave Smith, un ex soldado británico que trabaja para una empresa de seguridad, lo explica a su manera: "La diferencia entre un contratado civil y un soldado es que a mí me pagan cinco veces más y yo puedo enviarte a la mierda si no quiero hacer lo que me pides".
El Semanal, 09/05/04
Eduardo Febbro: Los mercenarios sueltos en Irak
Eduardo Febbro: Los mercenarios sueltos en Irak
Los problemas de privatizar la guerra y la seguridad. Uno de cada diez occidentales armados en Irak es un mercenario que cobra hasta mil dólares por día por custodiar a funcionarios o hacer la guerra sucia. Ya murieron 90, pero son bajas que no se cuentan. Hay 35 empresas operando en el país, casi sin control. Los custodios suelen ser mercenarios de varios países, ex comandos que cobran altísimos sueldos y que nadie controla.
"Las democracias deberían ahorrarse el recurso a la tortura", dice con énfasis Edouard Delapalce, consejero jurídico suizo en la Asociación para la prevención de la tortura. Su afirmación puede hacerse extensiva al mantenimiento del orden: las "democracias" deberían evitar que el orden sea asumido por ejércitos de mercenarios cuyos pasados, lejos de ser una garantía de seguridad, constituyen una amenaza. Poco más de un año después de la intervención anglonorteamericana contra el régimen de Saddam Hussein, Irak vive una auténtica "revolución militar" con la presencia de 15 a 20 mil hombres en armas contratados por unas 35 empresas privadas para que se hagan cargo de lo que el desbordado ejército norteamericano no puede asumir. El ya escandaloso principio de la privatización de la guerra sobrepasó los límites cuando se supo que dos empleados de una de esas empresas, Steven Setephanowiz y John Israel, ambos contratados por CACI (California Analysis Center Inc), estaban implicados en las torturas infligidas a los iraquíes detenidos en la cárcel de Abu Ghraib. Sudafricanos, libaneses, bosnios, franceses, indios, colombianos, chilenos, irlandeses, ingleses, australianos o norteamericanos representan el contingente internacional más importante que opera en Irak después de los uniformes oficiales enviados por la administración Bush.
En cifras concretas, los militares privados equivalen a uno de cada diez soldados desplegados en Irak. "No me siento como un mercenario", dijo el chileno John Rivas, uno de los 60 ex comandos chilenos de la época de Pinochet contratados por la empresa Blackwater Security Consulting Company para vigilar los alrededores del aeropuerto de Bagdad. Estos hombres cuentan en su historia personal con un prontuario tan voluminoso como la Biblia. La empresa sudafricana Erinys (controlada por una filial del Reino Unido) que ganó la licitación para proteger los oleoductos iraquíes (40 millones de dólares) incorporó en sus filas -entre otros- a tres elocuentes criminales de guerra: el francés Richard "Sanders" Rouget, implicado en el asesinato, en 1988, de la representante en Francia del movimiento de Nelson Mandela, el ANC (Congreso Nacional Africano); François Strydom murió en Irak pero antes formó parte del temible comando Koe-voet que perpetró decenas de asesinatos en Namibia durante los años 80,y Deon Gouws, miembro de la policía secreta sudafricana en los años del apartheid y confeso protagonista de varios atentados y asesinatos.
El pasado 31 de marzo, las terribles imágenes del ataque contra un vehículo norteamericano en Faluja dieron la vuelta al mundo. Los cuatro hombres que se encontraban en el interior, cuyos cadáveres fueron linchados por la multitud, no eran esos "empresarios civiles" o "voluntarios" descriptos por los medios, sino cuatro mercenarios que trabajaban a sueldo para la empresa Blackwater. Uno de ellos era un ex Navy Seals, otros dos fueron Rangers y el cuarto sirvió en el ejército norteamericano entre 1986 y 1989. Luego del drama de Faluja, 13 senadores demócratas escribieron al secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, diciéndole que "se sentaría un precedente peligroso si los Estados Unidos autorizan la presencia de ejércitos privados operando fuera del control de la autoridad gubernamental y obedeciendo únicamente a quienes les pagan". La carta no obtuvo respuesta. El personal que trabaja en ciudades como Faluja con contratos temporales de 10 días cobra unos mil dólares diarios. Cálculos realizados por organismos europeos estiman que las empresas británicas ganaron cerca de 1600 millones de dólares gracias a los contratos de seguridad en Irak.
Vinnell Corp, Custer Batle, Armor Group, Kroll Security International, Global Risk Strategies, Meteoric Tactical Solutions, Trig Guard Force o Blackwater Security Consulting Company son las empresas que se llevaron los contratos más jugosos. Sus directores no dudaron en llamar a los hombres más preparados y oriundos de los cuerpos de elite como los temibles combatientes gurkas. Hasta el mismo gobierno de Nueva Delhi, que rechazó el pedido norteamericano de enviar tropas a Irak, tuvo que reconocer que más de 1500 ex soldados indios se encontraban operando en territorio iraquí a sueldo de grupos privados. Un correo electrónico presentado por Amnistía Internacional da clara cuenta del mercado que se maneja: el pasado 25 de enero, Paolo Simeone, el dueño de DTS Security Llc, envió el siguiente texto a un aspirante a la aventura Mesopotamia: "El trabajo es el siguiente: nosotros protegemos el personal de una multinacional encargada de la reconstrucción del aparato administrativo iraquí. A nosotros nos definen como BG/CP (bodyguard/close protectio). El sueldo es de 6000 dólares por mes. Actualmente estamos negociando contratos más importantes (escolta de hombres políticos o dirigentes de empresas estadounidenses). En ese caso, el sueldo es superior, de 8000 a 9000 dólares mensuales. El servicio prestado exige mucha discreción, es decir, el revólver o la ametralladora no tienen que estar a la vista". Paolo Simeone fue quien contrató a Fabrizio Quattrocchi, el rehén italiano asesinado en Irak. En la llamada telefónica que Fabrizio Quattrocchi hizo a su familia antes de ser ejecutado, el italiano de 34 años decía: "Estoy bien, todo está tranquilo. En un mes regresaré a casa millonario". Por lo general, los contratos están regidos por tres períodos: un año, una semana o tres meses. Los colombianos, chilenos o sudafricanos que pululan en los hoteles de Bagdad pueden ganar en un mes lo que no ganarían en un año en sus respectivos países.
Para los países europeos más opuestos a la guerra -Francia y Alemania- el recurso a combatientes regidos por contratos privados representa el fracaso de la estrategia de la administración de George W. Bush. La privatización de la guerra conlleva dos aspectos degradantes: uno, la aparición de hombres que en el pasado sirvieron a las peores causas de la historia y que ahora actúan impunemente en el seno de una sociedad azotada por una guerra cuyo enunciado fue, entre otras cosas, aportar la democracia y el respeto de los derechos fundamentales del hombre. El segundo radica en que esas compañías no trabajan exclusivamente para grupos multinacionales, sino al servicio "institucional" de la coalición. Blackwater Security Consulting Company asegura que ha logrado "establecer una presencia global suministrando un entrenamiento y soluciones tácticas para el siglo XX". Blackwater es un holding de 5 compañías (Blackwater Training Center, Blackwater Target Systems, Blackwater Security Consulting, Blackwater Canine y Blackwater Air), pero el holding no trabaja para la Coca-Cola, sino para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El grupo argumenta que ha firmado contratos con "agencias federales" -Estado, Transporte-, entidades locales y estatales de EE.UU., corporaciones multinacionales y "naciones amigas" del mundo. Gary Jackson, su presidente, afirma: "Personalizamos y ejecutamos soluciones para nuestros clientes ayudándolos a persistir en los niveles de velocidad que deben reunirse hoy con la entrada en vigor de las leyes patrióticas de seguridad doméstica y los desafíos de la defensa". El lema de "esta Aguanegra" acota que la misión consiste en "defender la libertad y la democracia donde quiera que sea". Para ello, brinda "trabajos tácticos para profesionales".
El centro de entrenamiento por donde pasaron los ex oficiales pinochetistas ofrece un Programa 2004 de Entrenamiento Móvil para organizaciones policiales y paramilitares. El Centro Blackwater tiene 2428 hectáreas y está en Moyock, Carolina del Norte. Blackwater se enorgullece de haber adiestrado a 50.000 hombres desde que se abrió la subcontratación. Aguanegra ha sacado la mejor rodaja de la seguridad "global". Es ella quien, mediante un contrato de 21 millones de dólares, garantiza la seguridad de Paul Bremer, el administrador civil de Irak.
Vinnell Corp, filial de Northrop Grumman, una de las más importantes empresas de armamentos, también opera en nombre del Pentágono. Vinnell y otra empresa con sede en Virginia, MPRI, suministraron el entrenamiento a las tropas del "nuevo" ejército iraquí. La empresa británica Global Risk tiene a cargo la "protección" de la Autoridad provisoria de la coalición. El ángulo ideológico de la "privatización de la guerra" no es menos degradante que el resto. Como lo reconoce Stéphane, un conocido mercenario francés, "la mayoría de los hombres que combaten en esas condiciones son de extrema derecha, monarquistas o fanáticos de alguna causa extraña. Es común en el medio, tanto como los mitómanos y los charlatanes". Antes de su viaje a Irak, Yves, otro mercenario local de reconocida trayectoria, admitía, "nosotros somos como las jeringas descartables. Se usan y se tiran".
Las pérdidas de la coalición no toman en cuenta las de los ejércitos privados. Sin embargo, desde el pasado primero de abril, casi 90 norteamericanos, europeos, sudafricanos y otras nacionalidades murieron en el curso de la insurrección que se desató al cumplirse un año de la caída de Saddam Hussein. Esos muertos casi invisibles que en realidad trabajan para los Estados ocupantes amortizan el costo político de las pérdidas "oficiales". Yves, el mercenario francés antes citado, explica que, "de todas formas, para el poder político de los Estados es más rentable perder un mercenario que un soldado y, por ende, un elector". El sistema es "ideal", reconoce un especialista de la inteligencia francesa:"Esos hombres se desplazan rápido y, como no hay que soportar la infraestructura de derechos necesaria para un soldado normal, son un buen negocio incluso si cuestan caro". Kenn Kurtz, presidente de Steele Foundation, una empresa que garantizó la seguridad del ex presidente haitiano Jean- Bertrand Aristide, admite que "para el sector económico de la seguridad, Irak presenta oportunidades que jamás existieron en otra parte". Tim Meyer, presidente de Meyer and Associates, otro de los prestatarios de servicios de seguridad privados en Irak, dice que no hay que escandalizarse:"La gente que trabaja para nosotros sabe que debe evolucionar en contextos hostiles y peligrosos. No son principiantes y están bien pagados".
El escándalo internacional que siguió al descubrimiento de las torturas infligidas por los soldados norteamericanos a prisioneros iraquíes de la cárcel de Abu Ghraib no es ajeno a las actividades de los mercenarios. Muchas de las cárceles bajo "administración" norteamericana tienen zonas excluyentes donde se realizan los interrogatorios y a las cuales sólo ingresan los ejércitos privados. Eso es lo que ocurrió en Abu Ghraib y la empresa de seguridad CACI (servicios de defensa, información, inteligencia y seguridad), cuyos dos empleados, Steven Stephanowicz y John Israel, participaron junto con los dos militares acusados en las sesiones de tortura. En suma, torturadores a sueldo y sin bandera. Doug Broks, presidente del International Peace Operations Association, explica que "de todas maneras, esos ejércitos privados llevan a cabo misiones que el ejército regular no quiere ejecutar. Los militares prefieren consagrarse a los combates". Pero el problema que se plantea con ellos es que estos hombres escapan a toda jurisprudencia. El estatuto de estos "privados" no está cubierto por las convenciones de Ginebra. Como señala un ex general francés, "no podemos decir que se trate de combatientes porque no tienen uniforme y no obedecen a ninguna estructura militar reconocida. Pero tampoco podemos decir que no lo sean porque están armados. Es un rompecabezas peligroso".
La pasividad de las organizaciones multilaterales es escandalosa. Ninguna institución internacional se pronunció de manera firme contra el empleo de asesinos privados, a menudo oriundos de los peores regímenes queel siglo pasado haya conocido. Aunque se desconozca, existen textos claros que prohíben contratar a mercenarios. Luego del fallido golpe de Estado perpetrado en 1989 por el mercenario francés Bob Denard en las islas Comoras, la ONU elaboró una convención internacional prohibiendo el reclutamiento, la utilización, la financiación y el adiestramiento de mercenarios. El texto entró en vigencia el 20 octubre de 2001, pero sólo fue ratificado por 25 Estados, en su mayoría Estados "víctimas" de los actos de los mercenarios. Casi ninguno de los países que entrena a esos prestatarios de guerras -Estados Unidos, Gran Bretaña, Africa del Sur, Israel- ratificó el texto. Paradojas de la historia, luego del genocidio que se produjo en Ruanda hace 10 años (un millón de muertos), el secretario general de las Naciones Unidas admitió que había pensado en contratar a una empresa privada para impedir otro genocidio. En ese entonces, Kofi Annan dijo que "el mundo no estaba preparado para privatizar la paz". Georges Bush, al final, abrió las puertas de la privatización de la guerra. François Xavier-Sidos, autor de un libro sobre la historia de los mercenarios, señala que "la privatización de la asistencia técnica militar equivale al resquebrajamiento de los Estados". Es una "cuestión de dinero y libertad, nada más. En este tipo de actividades, uno no se detiene nunca", dice Yves, el mercenario francés.
"Sin patria para servir en nombre del honor, pero con una cuenta bancaria bien sólida", comenta con cierto desprecio un militar francés de rango. Ciertas ONGs internacionales denuncian también la "transferencia de fondos" entre sectores a que conduce la contratación de miles de mercenarios."Es como desvestir a un santo para vestir a otro", alega Dominic Nutt, militante en el seno de Ayuda Cristiana. El argumento es sólido. El departamento británico de la Ayuda Internacional al Desarrollo (DAID) tuvo que sacar del presupuesto destinado a la reconstrucción de Irak 278 millones de libras (500 millones de dólares). Ese dinero fue destinado a la seguridad de su personal en Irak. Las consecuencias políticas que acarrean estos escándalos sobrepasan en mucho el contexto iraquí. Según Mohammed El Oifi, del Instituto de estudios políticos de París y gran especialista del mundo árabe, "los norteamericanos han perdido la batalla de la opinión pública iraquí. Ya no pueden pretender ganar el corazón de la gente. Lo único que les queda es la fuerza o la corrupción. A través del mundo árabe, todos los partidarios de la democracia y de los derechos humanos se sienten huérfanos. Los valores del proyecto norteamericano han dejado de contar con el apoyo necesario. A nadie le gusta el mensajero".
Rebelión, 24/05/04
Los problemas de privatizar la guerra y la seguridad. Uno de cada diez occidentales armados en Irak es un mercenario que cobra hasta mil dólares por día por custodiar a funcionarios o hacer la guerra sucia. Ya murieron 90, pero son bajas que no se cuentan. Hay 35 empresas operando en el país, casi sin control. Los custodios suelen ser mercenarios de varios países, ex comandos que cobran altísimos sueldos y que nadie controla.
"Las democracias deberían ahorrarse el recurso a la tortura", dice con énfasis Edouard Delapalce, consejero jurídico suizo en la Asociación para la prevención de la tortura. Su afirmación puede hacerse extensiva al mantenimiento del orden: las "democracias" deberían evitar que el orden sea asumido por ejércitos de mercenarios cuyos pasados, lejos de ser una garantía de seguridad, constituyen una amenaza. Poco más de un año después de la intervención anglonorteamericana contra el régimen de Saddam Hussein, Irak vive una auténtica "revolución militar" con la presencia de 15 a 20 mil hombres en armas contratados por unas 35 empresas privadas para que se hagan cargo de lo que el desbordado ejército norteamericano no puede asumir. El ya escandaloso principio de la privatización de la guerra sobrepasó los límites cuando se supo que dos empleados de una de esas empresas, Steven Setephanowiz y John Israel, ambos contratados por CACI (California Analysis Center Inc), estaban implicados en las torturas infligidas a los iraquíes detenidos en la cárcel de Abu Ghraib. Sudafricanos, libaneses, bosnios, franceses, indios, colombianos, chilenos, irlandeses, ingleses, australianos o norteamericanos representan el contingente internacional más importante que opera en Irak después de los uniformes oficiales enviados por la administración Bush.
En cifras concretas, los militares privados equivalen a uno de cada diez soldados desplegados en Irak. "No me siento como un mercenario", dijo el chileno John Rivas, uno de los 60 ex comandos chilenos de la época de Pinochet contratados por la empresa Blackwater Security Consulting Company para vigilar los alrededores del aeropuerto de Bagdad. Estos hombres cuentan en su historia personal con un prontuario tan voluminoso como la Biblia. La empresa sudafricana Erinys (controlada por una filial del Reino Unido) que ganó la licitación para proteger los oleoductos iraquíes (40 millones de dólares) incorporó en sus filas -entre otros- a tres elocuentes criminales de guerra: el francés Richard "Sanders" Rouget, implicado en el asesinato, en 1988, de la representante en Francia del movimiento de Nelson Mandela, el ANC (Congreso Nacional Africano); François Strydom murió en Irak pero antes formó parte del temible comando Koe-voet que perpetró decenas de asesinatos en Namibia durante los años 80,y Deon Gouws, miembro de la policía secreta sudafricana en los años del apartheid y confeso protagonista de varios atentados y asesinatos.
El pasado 31 de marzo, las terribles imágenes del ataque contra un vehículo norteamericano en Faluja dieron la vuelta al mundo. Los cuatro hombres que se encontraban en el interior, cuyos cadáveres fueron linchados por la multitud, no eran esos "empresarios civiles" o "voluntarios" descriptos por los medios, sino cuatro mercenarios que trabajaban a sueldo para la empresa Blackwater. Uno de ellos era un ex Navy Seals, otros dos fueron Rangers y el cuarto sirvió en el ejército norteamericano entre 1986 y 1989. Luego del drama de Faluja, 13 senadores demócratas escribieron al secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, diciéndole que "se sentaría un precedente peligroso si los Estados Unidos autorizan la presencia de ejércitos privados operando fuera del control de la autoridad gubernamental y obedeciendo únicamente a quienes les pagan". La carta no obtuvo respuesta. El personal que trabaja en ciudades como Faluja con contratos temporales de 10 días cobra unos mil dólares diarios. Cálculos realizados por organismos europeos estiman que las empresas británicas ganaron cerca de 1600 millones de dólares gracias a los contratos de seguridad en Irak.
Vinnell Corp, Custer Batle, Armor Group, Kroll Security International, Global Risk Strategies, Meteoric Tactical Solutions, Trig Guard Force o Blackwater Security Consulting Company son las empresas que se llevaron los contratos más jugosos. Sus directores no dudaron en llamar a los hombres más preparados y oriundos de los cuerpos de elite como los temibles combatientes gurkas. Hasta el mismo gobierno de Nueva Delhi, que rechazó el pedido norteamericano de enviar tropas a Irak, tuvo que reconocer que más de 1500 ex soldados indios se encontraban operando en territorio iraquí a sueldo de grupos privados. Un correo electrónico presentado por Amnistía Internacional da clara cuenta del mercado que se maneja: el pasado 25 de enero, Paolo Simeone, el dueño de DTS Security Llc, envió el siguiente texto a un aspirante a la aventura Mesopotamia: "El trabajo es el siguiente: nosotros protegemos el personal de una multinacional encargada de la reconstrucción del aparato administrativo iraquí. A nosotros nos definen como BG/CP (bodyguard/close protectio). El sueldo es de 6000 dólares por mes. Actualmente estamos negociando contratos más importantes (escolta de hombres políticos o dirigentes de empresas estadounidenses). En ese caso, el sueldo es superior, de 8000 a 9000 dólares mensuales. El servicio prestado exige mucha discreción, es decir, el revólver o la ametralladora no tienen que estar a la vista". Paolo Simeone fue quien contrató a Fabrizio Quattrocchi, el rehén italiano asesinado en Irak. En la llamada telefónica que Fabrizio Quattrocchi hizo a su familia antes de ser ejecutado, el italiano de 34 años decía: "Estoy bien, todo está tranquilo. En un mes regresaré a casa millonario". Por lo general, los contratos están regidos por tres períodos: un año, una semana o tres meses. Los colombianos, chilenos o sudafricanos que pululan en los hoteles de Bagdad pueden ganar en un mes lo que no ganarían en un año en sus respectivos países.
Para los países europeos más opuestos a la guerra -Francia y Alemania- el recurso a combatientes regidos por contratos privados representa el fracaso de la estrategia de la administración de George W. Bush. La privatización de la guerra conlleva dos aspectos degradantes: uno, la aparición de hombres que en el pasado sirvieron a las peores causas de la historia y que ahora actúan impunemente en el seno de una sociedad azotada por una guerra cuyo enunciado fue, entre otras cosas, aportar la democracia y el respeto de los derechos fundamentales del hombre. El segundo radica en que esas compañías no trabajan exclusivamente para grupos multinacionales, sino al servicio "institucional" de la coalición. Blackwater Security Consulting Company asegura que ha logrado "establecer una presencia global suministrando un entrenamiento y soluciones tácticas para el siglo XX". Blackwater es un holding de 5 compañías (Blackwater Training Center, Blackwater Target Systems, Blackwater Security Consulting, Blackwater Canine y Blackwater Air), pero el holding no trabaja para la Coca-Cola, sino para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El grupo argumenta que ha firmado contratos con "agencias federales" -Estado, Transporte-, entidades locales y estatales de EE.UU., corporaciones multinacionales y "naciones amigas" del mundo. Gary Jackson, su presidente, afirma: "Personalizamos y ejecutamos soluciones para nuestros clientes ayudándolos a persistir en los niveles de velocidad que deben reunirse hoy con la entrada en vigor de las leyes patrióticas de seguridad doméstica y los desafíos de la defensa". El lema de "esta Aguanegra" acota que la misión consiste en "defender la libertad y la democracia donde quiera que sea". Para ello, brinda "trabajos tácticos para profesionales".
El centro de entrenamiento por donde pasaron los ex oficiales pinochetistas ofrece un Programa 2004 de Entrenamiento Móvil para organizaciones policiales y paramilitares. El Centro Blackwater tiene 2428 hectáreas y está en Moyock, Carolina del Norte. Blackwater se enorgullece de haber adiestrado a 50.000 hombres desde que se abrió la subcontratación. Aguanegra ha sacado la mejor rodaja de la seguridad "global". Es ella quien, mediante un contrato de 21 millones de dólares, garantiza la seguridad de Paul Bremer, el administrador civil de Irak.
Vinnell Corp, filial de Northrop Grumman, una de las más importantes empresas de armamentos, también opera en nombre del Pentágono. Vinnell y otra empresa con sede en Virginia, MPRI, suministraron el entrenamiento a las tropas del "nuevo" ejército iraquí. La empresa británica Global Risk tiene a cargo la "protección" de la Autoridad provisoria de la coalición. El ángulo ideológico de la "privatización de la guerra" no es menos degradante que el resto. Como lo reconoce Stéphane, un conocido mercenario francés, "la mayoría de los hombres que combaten en esas condiciones son de extrema derecha, monarquistas o fanáticos de alguna causa extraña. Es común en el medio, tanto como los mitómanos y los charlatanes". Antes de su viaje a Irak, Yves, otro mercenario local de reconocida trayectoria, admitía, "nosotros somos como las jeringas descartables. Se usan y se tiran".
Las pérdidas de la coalición no toman en cuenta las de los ejércitos privados. Sin embargo, desde el pasado primero de abril, casi 90 norteamericanos, europeos, sudafricanos y otras nacionalidades murieron en el curso de la insurrección que se desató al cumplirse un año de la caída de Saddam Hussein. Esos muertos casi invisibles que en realidad trabajan para los Estados ocupantes amortizan el costo político de las pérdidas "oficiales". Yves, el mercenario francés antes citado, explica que, "de todas formas, para el poder político de los Estados es más rentable perder un mercenario que un soldado y, por ende, un elector". El sistema es "ideal", reconoce un especialista de la inteligencia francesa:"Esos hombres se desplazan rápido y, como no hay que soportar la infraestructura de derechos necesaria para un soldado normal, son un buen negocio incluso si cuestan caro". Kenn Kurtz, presidente de Steele Foundation, una empresa que garantizó la seguridad del ex presidente haitiano Jean- Bertrand Aristide, admite que "para el sector económico de la seguridad, Irak presenta oportunidades que jamás existieron en otra parte". Tim Meyer, presidente de Meyer and Associates, otro de los prestatarios de servicios de seguridad privados en Irak, dice que no hay que escandalizarse:"La gente que trabaja para nosotros sabe que debe evolucionar en contextos hostiles y peligrosos. No son principiantes y están bien pagados".
El escándalo internacional que siguió al descubrimiento de las torturas infligidas por los soldados norteamericanos a prisioneros iraquíes de la cárcel de Abu Ghraib no es ajeno a las actividades de los mercenarios. Muchas de las cárceles bajo "administración" norteamericana tienen zonas excluyentes donde se realizan los interrogatorios y a las cuales sólo ingresan los ejércitos privados. Eso es lo que ocurrió en Abu Ghraib y la empresa de seguridad CACI (servicios de defensa, información, inteligencia y seguridad), cuyos dos empleados, Steven Stephanowicz y John Israel, participaron junto con los dos militares acusados en las sesiones de tortura. En suma, torturadores a sueldo y sin bandera. Doug Broks, presidente del International Peace Operations Association, explica que "de todas maneras, esos ejércitos privados llevan a cabo misiones que el ejército regular no quiere ejecutar. Los militares prefieren consagrarse a los combates". Pero el problema que se plantea con ellos es que estos hombres escapan a toda jurisprudencia. El estatuto de estos "privados" no está cubierto por las convenciones de Ginebra. Como señala un ex general francés, "no podemos decir que se trate de combatientes porque no tienen uniforme y no obedecen a ninguna estructura militar reconocida. Pero tampoco podemos decir que no lo sean porque están armados. Es un rompecabezas peligroso".
La pasividad de las organizaciones multilaterales es escandalosa. Ninguna institución internacional se pronunció de manera firme contra el empleo de asesinos privados, a menudo oriundos de los peores regímenes queel siglo pasado haya conocido. Aunque se desconozca, existen textos claros que prohíben contratar a mercenarios. Luego del fallido golpe de Estado perpetrado en 1989 por el mercenario francés Bob Denard en las islas Comoras, la ONU elaboró una convención internacional prohibiendo el reclutamiento, la utilización, la financiación y el adiestramiento de mercenarios. El texto entró en vigencia el 20 octubre de 2001, pero sólo fue ratificado por 25 Estados, en su mayoría Estados "víctimas" de los actos de los mercenarios. Casi ninguno de los países que entrena a esos prestatarios de guerras -Estados Unidos, Gran Bretaña, Africa del Sur, Israel- ratificó el texto. Paradojas de la historia, luego del genocidio que se produjo en Ruanda hace 10 años (un millón de muertos), el secretario general de las Naciones Unidas admitió que había pensado en contratar a una empresa privada para impedir otro genocidio. En ese entonces, Kofi Annan dijo que "el mundo no estaba preparado para privatizar la paz". Georges Bush, al final, abrió las puertas de la privatización de la guerra. François Xavier-Sidos, autor de un libro sobre la historia de los mercenarios, señala que "la privatización de la asistencia técnica militar equivale al resquebrajamiento de los Estados". Es una "cuestión de dinero y libertad, nada más. En este tipo de actividades, uno no se detiene nunca", dice Yves, el mercenario francés.
"Sin patria para servir en nombre del honor, pero con una cuenta bancaria bien sólida", comenta con cierto desprecio un militar francés de rango. Ciertas ONGs internacionales denuncian también la "transferencia de fondos" entre sectores a que conduce la contratación de miles de mercenarios."Es como desvestir a un santo para vestir a otro", alega Dominic Nutt, militante en el seno de Ayuda Cristiana. El argumento es sólido. El departamento británico de la Ayuda Internacional al Desarrollo (DAID) tuvo que sacar del presupuesto destinado a la reconstrucción de Irak 278 millones de libras (500 millones de dólares). Ese dinero fue destinado a la seguridad de su personal en Irak. Las consecuencias políticas que acarrean estos escándalos sobrepasan en mucho el contexto iraquí. Según Mohammed El Oifi, del Instituto de estudios políticos de París y gran especialista del mundo árabe, "los norteamericanos han perdido la batalla de la opinión pública iraquí. Ya no pueden pretender ganar el corazón de la gente. Lo único que les queda es la fuerza o la corrupción. A través del mundo árabe, todos los partidarios de la democracia y de los derechos humanos se sienten huérfanos. Los valores del proyecto norteamericano han dejado de contar con el apoyo necesario. A nadie le gusta el mensajero".
Rebelión, 24/05/04
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