LOS EJERCITOS PRIVADOS DEL NEOLIBERALISMO
Ernesto Montenegro P.
Doctorant à l'Université Paris I Panthéon Sorbonne
Introducción
El capitalismo sigue siendo un sistema con múltiples capacidades adaptativas y creativas, manteniendo en todo caso su estructura de clases y la explotación a ella inherente. El neoliberalismo como expresion historica del capitalismo viene replanteando los vinculos entre lo económico, lo político y lo social, en búsqueda de acabar con el control de las estructuras sociales sobre el capital, pero supreditandolas en todo caso a su beneficio. El Estado en su rol de amortiguador de las contradicciones entre clases sociales, ha sido objeto de multiples transformaciones, este texto discute la noción del monopolio de la fuerza en manos del Estado, en un contexto neoliberal. La pregunta que guia el presente trabajo es la de ¿cómo se produce el uso de la fuerz a como resultado de la nueva cultura política?
Presentamos el caso colombiano como situación específica de múltiples estrategias en el uso de la fuerza, que nos permiten ver como la guerra se ha dispuesto como negocio lucrativo. Dos dimensiones de análisis son pertinentes, de una parte la situación interna y de otra el marco internaciónal. En este caso: el Paramilitarismo como manifestación del tipo de guerra que se produce al interior; y en segundo lugar, los planes de intervención, para la ultima década, llamados “Plan Colombia” y “ Plan Patriota”, diseñados, financiados y puestos en ejecución desde los Estados Unidos.
1. Las Transformaciónes del Para-militarismo
a. dicotomia local naciónal
La relación entre el Estado Colombiano y los grupos paramilitares podriamos entenderla bajo dos formas, las cuales no son excluyentes entre si, por el contrario han venido alternandose en el panorama político y militar, sin que se pueda establecer un limite especifico entre la una y la otra, ya que su manifestación concreta las vincula de distintas maneras. El prefijo “Para”, explica esta dicotomía: por una parte es representativo de aquellos grupos armados que se constituyen como apoyo o para asistir al Estado, los cuales han sido promovidos directamente por las fuerzas armadas en correspondencia a planes de seguridad especificos. De otra parte los grupos “Para-Estatales”, es decir grupos armados que se formaron y han tenido desarrollos alternos a la politica estatal.
Veamos las dos formas con mayor detención; la forma “Para-dependiente” promovida por la doctrina de Seguridad Naciónal y aplicada por las fuerzas armadas de casi todos los paises de America Latina, esta fundamentada en el principio de guerra contrainsurgente, de eliminar la base social de los grupos revoluciónarios. Desarrollada con toda claridad en Guatemala (Patrullas de Autodefensa Civil), Salvador, Colombia (Cooperativas de seguridad Convivir), Peru (Rondas campesinas), esta estrategia ha sido dependiente tanto en su diseño como en su ejecución de los ejercitos oficiales. El Paramilitarismo asi entendido, tuvo su origen moderno en la “Doctrina de Seguridad Nacional” que concebía la existencia de un “enemigo interno”. Este ultimo era el “Comunismo”, representado en los movimientos sociales d e distinto orden que presionaban por cambios estructurales en la sociedad. El discurso político que sustentaba esta guerra de baja intensidad fue el de hacerle frente al desarrollo comunista con lo cual se pretendía legitimar la “guerra sucia”. Esta situación, propia del periodo de guerra fría logró afianzar en Colombia entre los grupos económicos y en distintas capas de la sociedad un temor creciente frente a los grupos subversivos y frente a los discursos de carácter social.
De otra parte, la segunda forma de Paramilitarismo es la “Para-Alterna”, la cual es la manifestación de procesos de acumulación de capital locales y regionales que a través de distintos mecanismos de cohersión social[1] han procurado tomar el control de la region en donde se desarrollan. La historia recient e muestra como dos sectores productivos han desarrollado verdaderos ejercitos privados que han sido el resultado de un desarrollo alterno al Estado. Se trata del sector de la mineria esmeraldifera y el sector del narcotrafico[2]. Uno y otro se han permitido la posibilidad de financiar destacamentos de grupos armados, como consecuencia de una rentabilidad importante y motivados por distintas razones de orden económico. Los esmeralderos, motivados por la lucha sobre el control de las minas en una region con unas condiciónes geograficas de dificil acceso y sobre la cual las fuerzas oficiales no logran un mayor control; algunos investigadores mencionan incluso la existencia de un patrón cultural identitario que les permite a los grupos locales reconocer al interior de la comunidad propia, las instituciónes de cohersion politica y militar, sin acudir al Estado naciónal. El segundo grupo, el del Narcotrafico crea ejercitos privados, como condición necesaria para la defensa de sus intereses económicos que no pueden ser resguardados por las fuerzas armadas oficiales y por el control de la producción y del mercado de la Coca.
Como consecuencia del desarrollo propio de la acumulación del capital y del avance de los conflictos al interior de los sectores señalados, al final de los años 80’s se produce un vinculo entre el sector esmeraldero y el narcotrafico con el fin de monopolizar el mercado esmeraldifero de la region y posibilitar un punto estrategico al narcotrafico[3]. El centro de Colombia, conocido como “El Magdalena Medio” se convierte en el escenario de esta primera alianza. La cual tiene su mas clara expresion en la existencia de un gran ejercito, con grandes capacidades militares, y con un solido respaldo economico. Estas caracteristicas les habian permitido ganar dos guerras “para estatales”: la “guerra esmeraldifera” y la “guerra de los carteles del Narcotrafico”. Rapidamente esta alianza desarrollará una estrategia por la ampliación de su control regional con el fin de mejorar las condiciónes de producción y de mercado, principalmente de la Coca.
El control regional que habian logrado en el Occidente de Boyacá, busca expandirse sobre todo el Magdalena Medio, de esta manera se ven confrontados a zonas en donde la influencia de las FARC es importante. Esta ultima se ve derrotada por la eficacia militar de este ejercito privado que propone dos vias de confrontación, por una parte la utilizacion del terror como mecanismo de cohersión de la población civil y por otra parte la propuesta de un desarrollo regional agricola fundamentado en la explotacion minera, el cultivo de la coca y la ganaderia extensiva.
b. Fuerza Privada, Fuerza Publica
Esta situación se produce manteniendo una distancia intenciónal entre los ejercitos “narco-esmeralderos” y las fuerzas armadas estatales, estas ultimas mantienen la logica de permitir una guerra contra la guerrilla a la cual considera el enemigo táctico. La eficacia contrainsurgente manifiesta en la expansion paramilitar del Magdalena Medio es estudiada de cerca por los oficiales colombianos, los cuales hasta ese momento sólo habrian tenido triunfos parciales en contra de la guerrilla. La experiencia del Magdalena medio, les ha mostrado como la estrategia contrainsurgente debe no sólo acabar con la base social que permite la mobilización de la guerrilla sino substituirla por una que este comprometida con las fuerzas contrainsurgentes. De otra parte h a mostrado como esa confrontación debe estar ligada a los procesos de acumulación de capital locales que son los que permitirian el mantenimiento y control de estos destacamentos armados de manera constante en puntos especificos. A partir de 1990 se constituye lo que podria ser llamado la “doctrina integral paramilitar”. El vinculo de los poderes económicos locales y sus destacamentos armados, con las instituciónes armadas del estado, habria permitido un afianzamiento del poder local tanto politico como militar en manos de los propietarios y en detrimento de los intereses de los sectores trabajadores y de los movimientos sociales. Todo esto acompañado con un crecimiento productivo en la medida en que se controlan todas las esferas de la vida social a través de la intimidación y por fuera del sistema legal.
El marco politico de este desarrollo militar es el de “la modernización del estado” que se produce como parte de la politica Neoliberal aplicada en Colombia; esta politica caracterizara toda la década de los 90’s. La aplicacion de esta politica, además de avanzar sobre la privatización de las empresas publicas con el argumento de la eficacia, legitima con el mismo discurso el ejercicio privado de la fuerza, quien contribuiria a la “seguridad”. De esta manera mantiene en todo caso una relación de correspondencia entre el estado, sus instituciónes y el capital privado. Las dos formas “Para” entran en una relación de compleja dependencia. De una parte las Fuerzas Armadas oficiales requieren del “paramilitarismo” como mecanismo estrategico para avanzar en el plano militar en contra de la guerrilla, resguardando la legitimidad de las instituciónes pero beneficiandose de los actos atroces del paramilitarismo. De otro lado, los poderes económicos en desarrollo requieren del vinculo con el Estado para mantener sus destacamentos armados como condición necesaria para su seguridad y para el funciónamiento de sus actividades economicas centradas en sectores altamente rentables como la explotación minera del oro y de las esmeraldas, la ganaderia extensiva y el narcotrafico.
Otros sectores económicos se veran presionados o motivados a financiar grupos de seguridad privados, como consecuencia de la vocación paramilitar que durante el noventa tomaron las fuerzas armadas oficiales. De esta manera las industrias, los medianos comerciantes, los medianos y agrandes agricultores, financiaron completa o parcialmente destacamentos armados. El discurso que ha mantenido toda esta inversion es la idea de que la seguridad es la primera condición para el crecimiento económico y la guerrilla seria la primera condición de inseguridad tanto fisica como politica. De una manera renovada, se utilizaran los viejos discursos anticomunistas para persuadir a la población del beneficio de los grupos paramilitares.
c. La doctrina de la seguridad
La relación dual entre estado y paramilitares se mantiene a lo largo de la decada del 90. Acompañada de una corriente ideologica sustentada por los grandes medios de comunicación que comparten la idea de que la guerrilla es el enemigo tactico, y el paramilitarismo seria “un mal necesario”. En este contexto, el paramilitarismo comienza a adquirir a partir de la segunda mitad de los 90’s un discurso de caracter político, en donde se argumenta para lo local y lo regional un tipo de desarrollo social, notablemente en el sector agricola y en el sector minero. Argumentando condiciónes de seguridad, la violencia ejercida frente a la población civil se presentara como parte de la guerra anticomunista, mientras que las propuestas de desarrollo local seran pre sentadas como alternativas politicas por el bienestar de la region.
En este contexto, distintos grupos de capital han reconocido que la inversión en destacamentos armados “beligerantes”, podría ofrecer más beneficios inmediatos que los que implicaría el tramite por una debil legalidad. Es decir pasar del gasto de la seguridad a la inversion en la guerra armada. El marco social del paramilitarismo, posibilitaba la ampliación de tierras, la imposición de condiciónes laborales, el control del mercadeo local o el monopolio de un producto en particular, etc. Invertir en guerra resulta rentable, no como medida de seguridad o como instrumento defensivo, sino como mecanismo para ampliar la ganancia.
De esta manera el paramilitarismo se manifiesta progresivamente en un instrumento de fuerza, de carácter privado y que no puede estar al servicio más que de quien lo financia. El carácter de Auto-defensa que en el caso Colombiano se pretende esbozar, dejó de ser evidentemente la razón del paramiliatarismo. De su parte, la lucha “contrainsurgente” no es el motor ni político ni estratégico del paramilitarismo, sus motivaciones y su comportamiento estan dados por los intereses locales y estratégicos del capital que los financia.
El paramilitarismo no habia podido adquirir la dimensión actual sino en la medida en que esté asociado a procesos de acumulación de capital de gran envergadura. Incluso en los casos en donde el paramilitarismo aparece como una práctica del ejercito regular, los beneficiados son los intereses privados. De esta manera podemos seguir la traza del paramilitarismo de la última década del siglo XX, como una ampliación del control del capital privado legal e ilegal sobre la geografía y los recursos naturales que controla. Extrechamente ligado a los intereses mineros sobre las esmeraldas, el petroleo y el oro, los grupos paramilitares continuan en la ambiguedad de lo “Para” pasando de ser agentes de la estrategia del estado en una guerra antisubversiva, a sujetos con intereses y espectativas de crecimi ento propias. Luego de afianzar su capacidad militar, respaldada por el Estado, su motivación es la del capital independiente, ya no la de la institución que les habria creado un margen de reconocimiento social, sino la del beneficio económico a gran escala.
2. Nuevos argumentos militares
a. Las facetas del Plan Colombia
El paramilitarismo actual, es pues una expresion del nuevo tipo de relaciones que se establecen entre lo privado y lo publico. De forma concreta el Estado se desprende de una parte de su patrimonio: el de la fuerza, para compartirlo con el sector privado. No sin perder de vista que el Estado y sus instituciones continúan comprometidos en el desarrollo de estos destacamentos de hombres armados. Ligado tanto con lo público como con lo privado, el paramilitarismo encontrará eco en los medios de comunicacion, que de su parte solidifican este tipo de relaciones sociales. Esa nueva manera de entender el devenir social se manifiesta en la puesta en marcha de programas de desarrollo en lo local y en lo regional; sobre la base de solidificar los capitales privados o de desarrollarlos; los paramilitares son el frente armado de una politica de caracter neoliberal en el seno del Estado, que cuenta con un frente electoral, ideologico, y sobretodo economico.
La promocion de la concentracion de la riqueza como condicion necesaria para el desarrollo social, va guiar el accionar reciente del paramilitarismo. Este, atacara todos los planes alternos de desarrollo local, sobre todo aquellos que pugnan por un desarrollo equitativo. Frente a la produccion colectiva el paramilitarismo propone concentracion de tierras, frente a las industrias cooperativas los paracos llaman al monopolio privado, frente a la planeacion participativa, lo paramilitares defienden los megaproyectos de desarrollo. Toda esta confrontacion en el tipo de desarrollo sera expuesta por los paramilitares como una contradiccion frente a la guerrilla. De esta manera el maniqueismo util para el desarrollo de la guerra resulta util en primer lugar para un tipo de desarrollo especifico, aquel que esta en contra del desarrollo neoliberal, resulta guerrillero. Las victimas directas de este discurso, son en primer caso la poblaciones civiles de las regiones en donde el proyecto paramilitar tiene intereses.
El gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) pone en marcha lo que él considera “un plan integral de desarrollo social”: “El Plan Colombia”. Este plan, diseñado en correspondencia con el gobierno de los Estados Unidos, pone en relacion lo militar con la invesrion economica y el desarrollo social. Lo militar como condicion de fuerza necesaria para poder encaminar ayudas humanitarias y para la resolucion de los problemas productivos. Expuesto como uno de los diez aspectos del plan, el componente militar se desarrolla en cambio como el aspecto predominante, con la condicion sui generis que el discurso del avance militar se presenta ante la opinion publica como parte del avance de la inversion social. En este juego de terminos el gobierno de Colombia y los medios masivos entran en la logica internaci onalmente compartida de “la guerra humanitaria”.
Apoyando el componente militar del Plan Colombia, el gobierno de los Estados Unidos no solo afirma los lazos de dependencia entre Colombia y su gobierno, sino que condiciona esta ayuda a un tipo de guerra que esta encaminada principalmente a defender los intereses estadounidenses en Colombia. Estos intereses corresponden justamente a las riquezas naturales, notablemente mineras, aunque tambien forestales y geneticas. Aunque la novedad del Plan no es el apoyo militar, que aunque se incrementa, tiene extensos antecedentes. Es el discurso que sustenta lo militar lo que se transforma, pues argumenta que es la guerra de las guerrillas la que mantiene las condiciones de inequidad y los altos indices de pobreza. Presenta lo militar como condicion necesaria del desarrollo equitativo y desvirtua toda fo rma ideologica al interior de los grupos guerrilleros. Estos últimos seran percibidos como simples beneficiarios del negocio del narcotrafico.
Lo que ha sido llamado como la guerra en contra del narcotrafico, se tradujo en el traslado de grandes cantidades de material belico hacia Colombia, y con este material para nada gratuito la presencia de militares estadounidenses y de contratistas civiles con responsabilidades militares. De esta manera el “plan Colombia” difumina aun mas el monopolio del Estado sobre la fuerza. Nuevas formas “Para” se desprenden de la puesta en marcha de este plan.
b. Las Formas Paramilitares del Plan Colombia.
Militares de los Estados Unidos, en servicio y con tareas operativas compartidas con las fuerzas nacionales ponen en cuestion toda nocion de soberania. Su presencia es una manifestacion de un tipo de injerencia directa en el campo de lo militar, que no solo esta dirigida a la proteccion de los capitales privados norteamericanos, sino que utiliza directamente a las fuerzas militares nacionales para resguardar los intereses privados extranjeros.
Sienmbargo son los contratistas civiles los nuevos actores de la guerra en Colombia. Beneficiarios de la pretendida “ayuda” economica para efectos militares; las empresas privadas que prestan servicios militares empiezan a cumplir distintas funciones operativas, incluyendo formas ofensivas.
Los mercenarios de las empresas de seguridad, aumentan la complejidad propia de las guerras, tanto los sistemas juridicos como los protocolos internaciónales encuentran dificultades con este tipo de combatientes. Por una parte contrario al nombre recurrente de “contratistas civiles”, ellos no hacen parte del sector civil, en tanto son individuos armados y participan de las acciónes militares, su condición no es la de civiles; sinembargo, estos contratistas no hacen parte de una unidad de mando de alguno de los ejercitos en contienda, de esta manera, no pueden ser tratados como militares. La cuestion que nos interesa aqui no es la de examinar su status juridico, sino de resaltar que el capital privado participa de la guerra, beneficiandose de ella sin asumir ningun tipo de responsabilidad politica.
Los protocolos internaciónales que exigen el respeto de los Derechos Humanos por parte de los bandos en conflicto no se aplican entonces a los “contratistas”, los cuales parecieran escapar a los Tribunales Internaciónales o a la simple justicia ordinaria, pues el capital privado no esta obligado convencionalmente, a respetar los derechos humanos. De esta manera se crea un limbo en el cual las torturas, los tratos inhumanos y las muertes extrajudiciales hacen parte de la guerra sin que puedan tener algun control juridico.
En Colombia la detención de tres “contratistas” norteamericanos por parte de uno de los bandos en coflicto no puede ser entendida de ninguna manera como la toma de rehenes civiles, al contrario es el aprisionamiento de actores armados beligerantes
[1] Estos mecanismos son de distinto orden. Ademas de la imposición armada, el manejo clientelista de la administración publica, las redes de parentesco extendido, las identidades culturales, etc, han contribuido al control local.
[2] El sector esmeraldifero desarrollo su poder en el Oriente de Boyaca, el Narcotrafico en … (Ver mapa N°1)
[3] Nos referimos aqui a la alianza entre Victor Carranza y Gonzalo Rodriguez Gacha.
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